Thursday, January 03, 2013

You spoke to me




How did you come to me, in what shape, what disguise?

How did I lose you? Wandered. Forgot you.

You spoke to me. Through her you spoke to me, from the sky, the trees. Before I knew, I loved you, believed in you.

When did you first touch my heart?

What was it you showed me? I didn’t know how to name you then. But I see it was you. Always you were calling me.

Keep us. Guide us to the end of time.


-Jack, The tree of life


Me pregunto cómo será para ti. Naturalmente he pensado que tu primer acceso será a través de mí y de tu papá, pero sus caminos no siempre coinciden con lo que nosotros esperamos. Aunque, confieso, sí se lo he pedido. Le he pedido saber guiarte a él, saber enseñarte a amar, a ser realmente feliz, a vivir una auténtica esperanza. Y es que a ti todavía no te pasa; todavía no te has enfrentado al sufrimiento innecesario, no te has golpeado contra la pared una y otra vez.

Algún día lo verás, desafortunadamente, en ti y en otras personas. Hay gente, mucha, a la que le cuesta mucho trabajo aprender a vivir. Tan sólo espero poder ayudarte para que a ti no te pase, para que aprendas rápido y te ahorres muchos dolores vacíos. Quiero que aprendas a sufrir (porque eso también se aprende). Quiero que entiendas y que encuentres un sentido para el sufrimiento, porque sólo así encontrarás también un sentido para la felicidad.

Sé que te vas a tropezar, es normal. Sé que algún día las explicaciones no bastarán, porque así somos: tenemos que experimentar. No somos seres puramente racionales. En especial cuando se trata de cosas tan importantes como el sentido, el amor o la trascendencia. En esos casos se trata mucho de vivirlo, en el sentido más empírico de la palabra.

Tan sólo espero que algún día comprendas (y cuanto más pronto mejor) que sumergirse en la vida también trata de pensar mucho sobre ella. Hacer y pensar son dos acciones que van juntas, y hay que ejercitarse en ambas.

Pero no te preocupes, no vas a aprender todo esto tú solito. Aunque todos te fallemos (porque las personas tenemos ese defecto de no ser suficientes por nosotras mismas), él no sabe fallar. Si logro que lo conozcas y que formes una relación fuerte y cercana con él, me sentiré satisfecha. Y si no se me concede esa gracia de ser tu puerta, tampoco habrá problema: él sabe muy bien cómo ponerse en tu camino. Ya lo verás.





Friday, May 18, 2012

Estudiar para ser incómodos

Llevo tanto tiempo estudiando y tratando de entender a profundidad mi religión que se me olvida que la mayoría de la gente, incluso los que se llaman a sí mismo católicos, tienen una noción muy distinta de lo que realmente significa ser cristiano.

Particularmente me llama la atención esa idea, aparentemente generalizada, de que la Iglesia católica se dedica a juzgar a los demás. Como si fuera una especie de "big brother" que decide quién es bueno y quién es malo, y que tiene una enorme lista de reglas morales que hay que seguir para ser parte del club.

Es una visión tan exagerada y tan trunca... Es tan infantil como decir que los católicos pensamos que de hecho hay un infierno lleno de fuego y diablitos rojos con cola y cuernos, y que en el cielo hay nubes y angelitos desnudos y regordetes que se pasan el día tocando arpas. Así de ridículo me parece a mí, pero me he dado cuenta que para los demás no lo es tanto. Sí hay gente (mucha, tristemente) que de hecho piensa que los católicos juzgamos a los demás y que vamos por la vida con aires de superioridad, creyéndonos los dueños de la verdad y del bien. Sí hay quienes piensan que la Iglesia "impone" una serie de reglas y su forma de pensar a los demás, y que amenaza con las desgracias del infierno a quienes no la siguen. 

Realmente me pregunto, ¿los que dicen estas cosas se habrán tomado la molestia de escuchar alguno de los discursos del papa? Es un señor que se dedica a hablar del amor y la misericordia de Dios, que no deja de repetir que todos somos dignos de la salvación y que debemos imitar a Jesús, es decir, que debemos ser buenos, coherentes, perdonar a los demás, tratarlos bien y no juzgarlos. No hay mayor ejemplo en la historia de alguien que supo perdonar y no juzgar con dureza a los demás que Cristo. No hay otra institución, al menos no que yo conozca, tan abierta e incluyente como la Iglesia católica. 

Me parece ridículo que se nos acuse de tanta cerrazón y fanatismo. Sí hay fanáticos, pero no sólo en la Iglesia, y no somos la mayoría. El fanatismo es malo en cualquiera de sus formas. El fanático no tiene un conocimiento profundo de lo que cree y carece de espíritu crítico. La crítica que engloba a la Iglesia en su conjunto y que la ataca como un todo sólo porque en ella se han dado casos de individuos incoherentes, también tiene tintes de fanatismo. 

La violencia es resultado de la ignorancia. Para criticar a la Iglesia, hay que conocerla primero. La verdadera religión católica no es nada de esto. Si alguien juzga y maltrata a otra persona en nombre de Dios y de la Iglesia, en realidad no se está comportando conforme al verdadero catolicismo. 

El cristiano tiene la responsabilidad de transmitir lo que él cree como verdadero. A eso es a lo que le llamamos evangelización. Por eso los católicos no podemos permanecer indiferentes ante la realidad; tenemos forzosamente que tomar un partido. Por eso no apoyamos la homosexualidad, ni el aborto, por ejemplo, pero esto no quiere decir que tengamos el derecho a juzgar a un homosexual o a una muchacha que abortó. Al contrario, tenemos la obligación de respetar a los demás, de tratarlos con dignidad y ayudarlos en la medida de nuestras posibilidades. Nuestra obligación como cristianos es decir que no estamos de acuerdo ni apoyamos este tipo de cosas porque son caminos que no llevan a la felicidad, porque son elecciones que hacen daño a las personas que las toman. Pero nada más. Decir que la homosexualidad no es el camino para la felicidad no es lo mismo que ser homofóbico. No ser "pro gay" no es lo mismo que rechazar a una persona homosexual, maltratarla o hacerla sentir mal. 

Me hierve la sangre cada vez que veo o me entero de maltratos e injusticias cometidas por católicos en nombre de su fe, y me entristece que los demás, al ver estas actitudes, reduzcan a eso toda una institución, a toda una creencia y una forma de vida. Mi religión es mucho más profunda y hermosa. Mi Dios es el Dios del amor, no del odio y del desprecio. 

El Dios en el que creo es justo, porque es la Verdad, pero también es misericordioso, porque es el Amor. Y me pide que trate de imitarlo, es decir, me pide que sea coherente, que no me quede callada y diga la verdad, pero también me pide que no juzgue a los demás, me pide que sea comprensiva, que perdone. 

Muchas personas me preguntan cómo puedo creer en este Dios y seguir creyendo en una institución como la Iglesia, que ha hecho tanto mal en su nombre. Y yo contesto: de la misma forma que sigo creyendo en mis amigos cuando cometen un error o cuando hacen algo que no está bien. Mi Dios no me pide que sea perfecta y que jamás me equivoque, pero sí me pide ser humilde y rectificar cada vez que me dé cuenta de que hice algo mal. Si yo misma soy incoherente a veces, ¿con qué derecho voy yo a decir que alguien es digno o indigno de Dios? ¿Con qué derecho voy yo a juzgar a toda la Iglesia por sus errores? Eso no nos toca a nosotros. 

Me he dado cuenta de que los católicos somos realmente incómodos. Y no podemos ser cómodos para la sociedad porque tenemos la exigencia de ser coherentes con la verdad. Pero para ser coherentes con algo, primero tenemos que conocerlo. Ser incómodo no es lo mismo que ser violento. La violencia surge de la inseguridad, pues el que recurre a la violencia en el fondo no está seguro de lo que dice creer. Si queremos terminar con la violencia y los ataques que recibimos como Iglesia, tenemos que empezar por nosotros mismos y ponernos a estudiar y a hacer vida nuestra fe. Es la única manera. 




Thursday, May 17, 2012

Cansancio moral

¿Por qué hago el mal que no quiero y no hago el bien que quiero? ¿Por qué cosas tan simples en la vida como hablar tranquilamente y con gusto con las personas a las que quiero se dificultan tanto cuando estoy cansada?

Quizás mi problema es que cuento demasiado conmigo misma y se me olvida lo chiquita que soy. Para ser humilde hay que practicar durante toda la vida.

Wednesday, February 22, 2012

Moscas a las heridas



"Dios envía moscas a las heridas que Él debería curar", dice una frase de la película El árbol de la vida de Terrence Malick. No sé si es un pasaje de la Biblia, algún dicho popular o simplemente un invento del propio Malick; la verdad es que nunca la había escuchado, pero me caló profundamente.

Si hay algo que he aprendido desde mi conversión, es que Dios suele guardar silencio en los momentos de mayor obscuridad. Cuando más nos sentimos perdidos, cuando más lo necesitamos, Él no parece estar presente. Y es curioso que precisamente en esos momentos de desesperación, cuando parece que rezar no sirve de nada, es cuando se nos brinda la oportunidad de fortalecer nuestra fe. La esperanza que siente el hombre que se ahoga en el fondo del pozo es más tangible que la del que disfruta de la tranquilidad de la naturaleza. Y es que el hombre está llamado a algo más que la simple naturaleza.

Hace unos días vi la película From the sky down, un documental sobre cómo se formó el álbum Achtung Baby de U2 (está genial, si pueden, véanla). Una parte de la película me hizo pensar mucho en el valor de la espera, cuando los integrantes de esta famosa banda de rock cuentan cómo ninguno se sentía bien consigo mismo ni con el resto del grupo. Todos estaban hartos, cansados y no veían cómo salir de su desesperación. La única opción aparentemente viable era separarse. Se juntaron una última vez para grabar un disco de despedida, pero ni siquiera ese último intento les salía bien. Pasaron mucho tiempo sufriendo ese hartazgo y esa depresión. Ellos mismos describen ese período como "una larga y fría existencia".

Sin embargo, esperaron, y lograron salir de ese momento depresivo y continuar con su trabajo y con sus vidas. Y pudieron hacerlo, no porque Dios les contestara (porque seguramente lo necesitaron con desesperación en esos días), ni tampoco porque se auto-motivaran y encontraran el optimismo luchando por alcanzarlo. Simplemente supieron esperar. Tuvieron la esperanza de que las cosas iban a mejorar, aunque no sabían cuándo ni cómo.

No sé si ellos interpretarían su vivencia desde esta perspectiva, pero a mí en lo personal me hace mucho sentido. Hay ocasiones en las que la salvación no depende de las fuerzas de uno mismo para actuar: basta con esperar y estar abiertos al cambio. Con esa simple apertura se puede cambiar todo, incluso cuando las moscas acuden a las heridas.


Monday, October 31, 2011

Tree of Life



"There were two ways through life – the way of nature and the way of grace. You have to choose which one you’ll follow. Grace doesn’t try to please itself. Accepts being slighted, forgotten, disliked. Accepts insults and injuries. Nature only wants to please itself. Get others to please it too. Likes to lord it over them. To have its own way. It finds reasons to be unhappy when all the world is shining around it. And love is smiling through all things."

Terrence Malick, The Tree of Life

Wednesday, October 19, 2011

Mi nueva vieja camiseta

"Uno pensaría que en un seminario las cosas son diferentes, que todos nos tratamos como hermanos, pero la verdad es que no es así".

"Los muchachos vienen porque sienten la vocación, pero no quieren estudiar, no les interesa la filosofía."

"Aquí hay gente de muchos lados, y pues no todos se llevan los unos con los otros. Hay muchas rivalidades."

"No sé si es porque no he estudiado en otro lado, pero siento que éste no es un ambiente universitario."


Podría llenar un post completo con todas las frases derrotistas y negativas que he escuchado estos últimos tres meses. Desde que llegué a dar clases al seminario, absolutamente todos, desde el director de la facultad, los alumnos y demás profesores, no han dejado de quejarse de lo mal que están las cosas. Y lo que es peor: todos culpan al otro. Nadie hace nada por mejorar el ambiente, sino que se tiran entre todos.

Cuando entré a dar clases me invitaron a la primera asamblea de profesores del año (a la fecha sigo esperando la "segunda"). Ingenuamente, pensé que ahí iba a conocer a todos los demás. Si fuimos cinco, éramos muchos. El director de la facultad nos pidió nuestro apoyo y participación en las actividades del instituto, que impulsáramos a los jóvenes en los estudios filosóficos, que les mostráramos la importancia de los mismos para la teología... Nos pasaron un calendario con las actividades del semestre. Todos asentían y comentaban que teníamos que fomentar el estudio y la unión, empezando por los mismos profesores, etc. Fue una reunión que me hizo sentir responsable y que me dio ánimos. Quise ponerme la camiseta, pertenecer a esta nueva institución e impulsarla, y me sentí a gusto al pensar que había más que pensaban como yo.

Eso fue en agosto. Acaba de ser el Día del ISEE, es decir, el día especial en el que se celebra el aniversario del instituto. Se nos había pedido a todos los profesores que asistiéramos y que participáramos en las actividades con los estudiantes. Ese día se me complicaba, pero no me importó, dejé todo para estar, pues me había comprometido desde que acepté el trabajo. Llegué a la misa en la capilla y me sorprendió darme cuenta de que yo era la única de los profesores de filosofía. Bueno no, también estaba la de italiano, pero se fue temprano.

Pasé toda la mañana con los estudiantes. Me sentía como el frijolito en el arroz; un puntito rosa mexicano (el color de mi suéter) en medio de sotanas y sacos negros. Fui al concierto, a la presentación de la sociedad de alumnos, a los torneos de básket y fútbol, comí con ellos, canté y aplaudí cuando llegaron los mariachis... y todos me preguntaban con sorpresa cuando me veían: "¿se va a quedar a todo, profesora?".

Ayer en la mañana me llamó muy preocupado el director de la facultad para preguntarme por qué había ido al instituto. "¿Necesitaba algo?", me preguntó con su acento italiano. "No, fue el Día del ISEE", contesté desconcertada. "¡Ah, es verdad!", dijo el director. "Es que yo no la vi ahí, como yo no fui...". Francamente, no supe qué contestar.

Me pregunto si se darán cuenta de que el "ambiente" del que tanto se quejan todos lo están haciendo ellos solitos. El día de la celebración, después del concierto, uno de los miembros de la sociedad de alumnos se acercó con los músicos a regalarles el Anuario Filosófico del ISEE, un libro con artículos de filosofía hecho por profesores, alumnos y ponentes externos. Uno de mis alumnos, sentado a mi lado, se tapó la cara con vergüenza y se empezó a burlar de la situación. Yo me volteé, lo miré molesta y le dije:

-¿Por qué te da vergüenza?, es lo que ustedes hacen.

Él me vio extrañado y me dijo:

-Porque es muy aburrido, hasta a mí me da flojera leerlo.

-¡Pero es lo que ustedes hacen! Ellos hacen música y se las comparten; ustedes hacen filosofía y teología, lo más lógico es que la compartan también.

Se quedó en silencio unos momentos y luego me dijo:

-He notado que tienes opiniones muy positivas y muy firmes al respecto de muchas cosas.

-¿Y eso qué tiene?

-Pues que es muy raro, no es lo común. Si sabes eso, ¿no?

No pude evitar sonreír.

-Pues precisamente aquí no debería ser raro.

Él se rió.

-No me vengas con eso- se quejó. -Los seminaristas somos humanos también.

-Y precisamente por eso están llamados a algo más.

Después de eso se quedó callado un rato. No volvió a burlarse de nada.


Causé conmoción ese día sin saberlo. Hasta el final capté lo extrañados y sorprendidos que estaban todos por el hecho de que me había quedado. También debo reconocer que los muchachos de la sociedad de alumnos se pusieron mucho las pilas. Se nota que ellos también quieren cambiar la situación. Cuando llegaron los mariachis, escuché a un alumno decir: "este es el mejor Día del ISEE en el que he estado".

Alguna vez un amigo escribió en un post que las instituciones no pueden esperar que su gente quiera ponerse su camiseta si se les da una que está sucia y fea. Es curioso, pero yo estoy enamorada de esta vieja camiseta, medio sucia y raída. No me asusta esta mugre, porque sé que en el fondo a los demás tampoco, y que se la quieren limpiar. Quiero usar mi vieja camiseta, y por eso intento lavarla y remendarla. Espero, algún día, lucirla con sus colores originales.






Tuesday, October 04, 2011

Deslumbrada

Ya no hay tiempo para escribir. Es como decir que ya no hay tiempo para amar. Y a veces me pasan esa clase de frases por la mente, mientras sigo con la cabeza hundida en la pantalla de la computadora.

Mi tiempo se resbala, como arena, como si me lo estuvieran robado los hombres grises de Momo. Pero en realidad no es culpa de nadie más. Yo soy la que me diluyo entre obligaciones auto-impuestas, cansancios, ojeras, estrés y pensamientos como "debo ser responsable", "ahora soy un adulto", "construir siempre cuesta trabajo", y cosas así. No estoy comprendiendo de qué trata la vida. Mal vivo mi presente esperando vivir en un futuro. Y ese futuro nunca va a llegar, porque no existe.

¿Realmente necesito todo esto, o es mera ambición? Me acusaba de floja. Ahora me acuso de miope. No ciega, porque sé distinguir bien el color del oro verdadero, pero reconozco que me deslumbró su reflejo. Y, finalmente, el oro es sólo otro frío metal...



Wednesday, May 11, 2011

Dolor

Me duele el corazón y me hierve la sangre. Ya no soporto este mundo cobarde y decadente que me rodea. No soporto el miedo y la mirada negra de tanta gente a mi alrededor... pero sigo teniendo esperanza, porque sé que hay algo más y porque sé que los cobardes y los pesimistas, en el fondo, también desean ver la luz.

Friday, April 22, 2011

Sobre el sufrimiento


"No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices, quiere que seamos capaces de amar y de ser amados, quiere que maduremos, y yo sugiero que precisamente porque Dios nos ama nos concedió el don de sufrir; o por decirlo de otro modo: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos; porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre, los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen más perfectos."
Clive Staples Lewis


Cuando no era católica criticaba mucho la noción cristiana del sufrimiento, porque no la entendía. Hoy esa misma crítica ciega me llega desde muchos lados y, aunque la comprendo porque yo también la viví, cada vez me parece más lejana.

La diferencia es sutil y a la vez profunda. Los católicos no queremos sufrir ni lo buscamos. Sencillamente lo aceptamos y le damos un sentido. Es inevitable sufrir; es imposible no hacerlo, porque no es algo que dependa de nosotros (a menos de que nos aisláramos completamente del mundo, de todo deseo y de toda persona). Por eso, nuestra salida es enfrentarlo. No nos cerramos a él, sino que lo sentimos para superarlo, pues sabemos que hay algo más por lo que vale la pena sufrir: el amor.

El amor implica sufrimiento, porque para amar y ser amado es necesario estar abiertos, y al abrirnos nos exponemos a ser lastimados, a sufrir. Sin embargo, el sufrimiento se vuelve irrelevante cuando se ama verdaderamente. Se siente, pero deja de doler tanto, porque uno no se queda en él; lo trasciende.

Es paradójico, pero entre más se huye del dolor, más se siente. Cuando estamos concentrados en evadirnos para no sufrir, es cuando más solos nos quedamos en el fondo.

El sufrimeinto es inevitable, pero podemos hacerlo pasajero, siempre y cuando no nos quedemos atrapados en él.

Tuesday, March 29, 2011

Cuando el tiempo va más lento


Me siento extrañamente aletargada, pues aunque mi mente inquieta no deja de pensar cosas, en la vida real los minutos pasan y el reloj no me dice gran cosa. Si el tiempo es la medida del movimiento, entonces mi tiempo va más lento. A veces tanto que se vuelve irrelevante. Paty llega con la bandeja de la comida o del desayuno, mi mamá con las inyecciones diarias, la noche con su paz y fresca calma... Esos son mis indicadores. Mido mi vida a través de los momentos en los que interrumpo mi trabajo o mi soledad para comer o para ser atendida por alguien.

Extrañamente, ya me estoy acostumbrando a esto. Me pregunto si mi vida regresará a como era antes en cuanto el doctor me dé de alta. ¿Estos días de resignamiento a la inmovilidad no repercutirán en algo en mí, en mi forma de ser y de vivir? ¿Será tan sólo uno de esos períodos que pasan por la vida de alguien sin representar una importancia notoria?

Podría ser, pero si fuera así entonces no estaría escribiendo sobre esto. Las experiencias nos cambian cuando decidimos hacerlas relevantes en nuestra vida. Y al parecer estos diez días en cama son parte de cuatro años de enfermedad que me han hecho replantear y pensar mucho lo que quiero hacer con mi vida.

Wednesday, March 23, 2011

Mientras pueda seguir volando


He pasado días intentando hacer las cuentas, pero ya no puedo recordar desde hace cuánto tiempo no encuentro palabras para dirigirme a ti. Es como si hubiera una pared invisible que distorsionara el mensaje que quiero dar. O tal vez nunca sale bien de origen, en realidad.

Me pregunto, ¿te pasará a ti lo mismo? ¿Tú también ves en mis ojos esa lejanía, esa incomprensión? ¿También te carcomen la desesperación y la duda de si será que tú ya no sabes hablar, o yo ya no sé entender?

Al menos eso me consolaría, porque significaría que aún tenemos algo en común.

Construcciones de papel


Al amor que trazamos con cuidadosas pinceladas durante años de pasión, sueños e inocencia, lo mataron con palabras. Fue demasiado fácil, pues peores que las balas son los juicios.

La punta de la pluma que razgó el papel, también atravezó el pequeño corazón del pájaro. Hoy, ese órgano diminuto que sabía latir hasta veinte veces por segundo, chorrea de tinta negra. Es una tinta amarga y oscura como noche sin luna; oscura como la decepción y el olvido.

Y, a pesar de todo, el adolorido pajarito sigue intentando volar.

¿Será necedad? ¿Será masoquismo?

Tal vez es sólo consciencia de la propia naturaleza. Tal vez el pájaro sabe que el dolor es parte del amor de este mundo, pero que no lo es todo. Y que, al final del negro túnel, simpre hay luz.

Tuesday, March 22, 2011

Humanidad



Acostada en mi cama alcanzo a ver las jacarandas desde mi ventana. Llamativos manchones de lila que poblan el paisaje y que anuncian con su presencia la llegada de la primavera. Me alegran un poco la vista, pero también me amargan el ánimo. El sol las alumbra, coquetas y vanidosas, rodeadas de pájaros que trinan como cualquier otro día... y siento tentación de envidiarlas. Podría envidiar su color brillante y llamativo y su aparente calma, meciendo sus hojas plácidamente al suave viento. Envidiarlas porque no sufren estando ahí, plantadas en el mismo suelo de siempre, porque por su misma naturaleza saben estarse quietas, porque no desean otra cosa que el sol y el agua de la tierra.

No llevo más de cinco horas acostada y ya me carcome la desesperación. Recuerdo haber sido floja alguna vez. Sé que en algún otro momento de mi vida esta situación se me antojaría incluso amable. Pero no hoy. Hoy me siento confinada a un reposo involuntario, a una inutilidad que me hace sentir vulnerable.

Tranquilidad que abruma y enloquece. Miembros adoloridos y adormecidos por el reposo, anclas terribles de una mente inquieta y de un espíritu que siente que le cortaron las alas.

Confío en que no durará, y esto me consuela. Por eso dejo de envidiar a las jacarandas y sonrío con desdén ante su despliegue de belleza, porque aunque guapas, quietecitas y sin deseos insatisfechos, no son capaces de la esperanza.

Thursday, March 17, 2011

Cuando la materia y el espíritu se encuentran



Me siento extrañamente etérea, tibia, pensativa, lejana...

No sabría decir si es un estado de placidez, sopor, comodidad o mera indiferencia.

No... no puede ser indiferencia, pues me gusta estar aquí, envuelta en esta efímera tranquilidad.

Es un estado de ánimo que podría describir como "suavidad de espíritu", como si al alma se le pudiera acariciar como a un gatito acurrucado en el regazo.

Tuesday, February 22, 2011

Influencias

De niña soñaba que me convertía en un cisne. No en uno negro, como los que están de moda hoy en día, sino en un cisne blanco. Y que flotaba en el agua oscura y fría. Y que podía volar.

La primera palabra que aprendí a escribir fue "Odette". La primera pieza que pedí escuchar más de diez veces seguidas fue del ballet del Lago de los cisnes. El primer cuento que me hizo llorar fue el patito feo. Mis primeros dibujos libres fueron de sirenas, cisnes y atardeceres. Algo deformes, pero me esforzaba.

El primer vestido que le pedí a mi abuelita fue el de la Bella Durmiente. La primera narración que pude leer completa fue la de Pulgarcita. Mi primera película en el cine fue la Sirenita. Mi primera vocación fue la de bailarina.

Y todo esto ocurrió antes de cumplir los seis años.

No sé cómo ocurrió, pero aparentemente Tchaikovsky y Hans Christian Andersen tuvieron un papel muy importante en mi formación temprana.

Thursday, January 27, 2011

Saturday, January 01, 2011

Más allá de Terramar

Es difícil regresar a la realidad después de tantos días de evadirla. Y de qué manera, tan dulce, tan entregada, tan real...

Aún no puedo evitar el ensueño, la vista perdida, el silencio exterior lleno de ideas interiores. Y me pregunto, ¿cuál es la realidad real? ¿Cuál es la que quiero vivir? Quiero sentir esta pasión, este deseo, esta hambre de vida y estas ganas de crear sin límites... pero en el mundo de carne y hueso, el mundo en el que realmente puedo hacer las cosas, el mundo de Dios y de los hombres. El mundo en el que estás tú, en el que a veces me consumo y que a veces no me satisface.

¿Por qué es tan difícil tener ambas cosas? ¿Por qué disfrazo mi realidad con fantasías irrealizables o con altas dosis de realismo insatisfactorio?

Quiero a los magos, a los dragones, a la magia... Quiero ese sentimiento de olvido de mí misma y del mundo que me rodea cada vez que escucho música, que leo un libro, que escribo un cuento. Cada vez que miro al cielo. Lo quiero en mi vida real, no en los sueños. Quiero esa sensación de apartamiento, de que veo todo el mundo desde arriba, desde un escalón de confianza, seguridad y certeza. Pero la vida real no es así, al menos no del todo.

Pienso que es como los dos lados de un péndulo, y yo he vivido en ambos extremos. Pero también recuerdo vagamente haber vivido en el centro. Recuerdo haberme enamorado de mi vida. Me maravillaba todo lo real, lo tangible. Me enamoré de ti, de Dios y de mis propias experiencias. Vivía, ya no soñaba, con certeza y seguridad. Y nunca sentía miedo, salvo cuando pensaba en la muerte.

Hoy pienso demasiado en la muerte y me evado con una realidad que no me alimenta, sino que me consume. Antes buscaba la soledad de mis pensamientos y de mi imaginación, pero hoy le huyo al silencio, hoy deseo el barullo de la gente a mi alrededor. Y este “hoy” comienza a ser pasado.

En este preciso instante, mientras escribo con estas teclas, me siento libre de espíritu, me siento real y al mismo tiempo irreal. Siento que estoy llamada a algo más, pero acepto el lugar en el que me muevo, en el que veo mis manos de carne y hueso con una cierta extrañeza, como si no fueran mías, como si fuera un sueño, pero con la consciencia de que no es así.

Hoy, en este hoy verdaderamente presente, vuelvo a sentir esas mariposas en el estómago. ¿Estaré volviendo a la vida? Y todo se lo debo a unas deliciosas páginas que me recordaron que después de la oscuridad, siempre hay luz. Gracias, Javier.

Tuesday, December 28, 2010

Propósitos para el año viejo

Todavía me queda una semana antes del 2011, así es que me he propuesto una tarea indispensable para iniciar este año y, con perseverancia, seguirla durante todo el que sigue. Me refiero al cuidado de mi salud, para lo cual haré lo siguiente:

1. Tomarme con disciplina y sin falta mis miles de productos de GNLD
2. No perderme mis citas con la china
3. Hacer al menos una hora de ejercicio todos los días (menos los fines de semana)
4. Intentar no desvelarme más de lo extrictamente necesario
5. Desayunar
6. Tener al menos una actividad al día que no sea trabajo y que me distraiga y me relaje

Ustedes están de testigos ;)

So, let's beguin!

Friday, December 10, 2010

El arte de brindar sentido a un escrito con la última frase

-Me gustan mucho los niños -dijo la luna-. Sobre todo los pequeños; son muy graciosos. Cuando menos piensan en mí suelo asomarme entre las cortinas y el marco de una ventana para mirar su habitación. Es divertido ver cómo les ayudan a desvestirse. Primero salen del traje los hombritos, redondos y desnudos; luego, el brazo aparece poco a poco, o les veo quitarse las medias y aparecer una preciosa piernecita blanca y firme, hay que besar esos pies, y ylos beso -dijo la lua.

Esta noche, ¡te lo tengo que contar! Esta noche estuve mirando por una ventana que no tenía las cortinas corridas del todo, porque no hay vecinos en la casa de enfrente. Vi un tropel de pequeños, hermanos y hermanas. Había una niña de sólo cuatro años, aunque se sabe el padrenuestro tan bien como los demás, y la madre se sienta todas las noches al borde de su cama y la oye rezarlo, luego le da un beso, y la madre no se va hasta que la niña se queda dormida; todo sucede en un abrir y cerrar de ojos. Esta noche los mayores estaban algo traviesos, uno saltaba a la pata coja vestido con su blanco camisón largo, el otro estaba de pie encima de una silla, rodeado por la ropa de todos los demás; decía que era un cuadro, y los demás tenían que adivinarlo. El tercero y el cuarto ponían ordenadamente los juguetes en el cajón, que es lo que se debe hacer. Pero la madre estaba en la cama del más pequeño y les dijo a todos que guardaran silencio y estuvieran calladitos, porque la pequeña estaba rezando el padrenuestro.

-Miré al otro lado de la lámpara -dijo la luna-. La niña de cuatro años estaba en su cama de blancas y finas sábanas y tenía las manitas juntas y en la carita una expresión muy solemne, estaba rezando el padrenuestro. "Pero, ¿qué dices -preguntó la madre, interrumpiéndola a la mitad de la oración-, después de "nuestro pan de cada día dánosle hoy"? Dices algo más, pero no consigo oírlo bien. ¿Qué es? Tienes que decírmelo". Y la niñita calló y miró cohibida a su madre. "¿Qué es eso que dices además de "nuestro pan de cada día dánosle hoy?"" "No te enfades, mamita -dijo la pequeña-. Pedí que tuviera también mucha mantequilla".


Hans Christian Andersen