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Friday, April 11, 2014

Aunque me rompa




Sabes -en el fondo lo sabes- que no te pide que seas feliz, al menos no así. Él no es simplote y miope como tú, Emilia. Él sabe, mejor que nadie, lo que es sufrir carencia, lo que es vivir abusos, lo que es sentir profunda y dolorosa pérdida. Él lo ha vivido en carne propia (literalmente carne). 

Él no te pide que seas feliz, porque sabe que no puedes, no tienes la capacidad y este mundo tampoco puede dártela: ambos, tú y el mundo, están rotos.

Lo único que te pide es que lo dejes actuar en ti, porque Él sí puede llenarte, Él sí puede curar esas horribles cicatrices que amenazan con podrir tu alma. El problema es que abrirte para recibirlo te va a doler, mucho más que las carencias, mucho más que las pérdidas y las decepciones. Estos males se te antojan como amigables refugios contra el dolor de la apertura, porque te permiten ser víctima, porque así puedes recibir la lástima, las palmaditas y la admiración de los demás. 

Para abrirte vas a tener que dejar que te termine de romper; vas a sentir cómo te abre y te abre hasta que ya no puedas más, hasta que pienses que te vas a morir del dolor. Tu misión es permanecer firme y confiar en Él, aunque esté permitiendo que sufras así.

Al final de esa ruptura, te vas a dar cuenta de que necesitabas quebrarte así, necesitabas romper las escamas laceradas y escarpadas para renacer en tu piel de mujer.

Ya lo has vivido, Emilia, por eso sabes que es así, te consta. Sin embargo, tienes miedo, porque te acuerdas lo difícil que fue. Estás enojada, pues no entiendes por qué tienes que pasar otra vez por lo mismo. Mientes: sí lo entiendes, es sólo que te está costando trabajo aceptarlo. Sabes que mientras vivas, estarás sometida a esta prueba, una y otra vez. Y eso no es Su culpa, Él no quisiera que sufrieras (Él no quiso sufrir y morir así), pero sabe que es la única manera de salvarte, y te ama, te ama tanto...

Daría todo, hasta la última gota de su sangre, hasta el último aliento de su cuerpo y aún hasta lo más sagrado de su alma para evitarte este dolor. Y lo hace. 

No te pide nada: te lo da todo. Lo único que tienes que hacer es aceptarlo.

Guarda silencio en tu alma, aleja el ruido de los lamentos y de los miedos para que puedas escucharlo.


Preparo mi corazón para ti, Señor. Está estrujado y duro como piedra, y yo no lo puedo abrir. Te lo ofrezco así de feo como está, aunque me dé un poco de vergüenza, porque sé que Tú puedes hacerlo digno de Ti. Ábreme, aunque me duela; ábreme, aunque me deshaga en el proceso.





Wednesday, March 05, 2014

El hombre es un ser para la [resurección]

"Los hombres podemos tener y de hecho tenemos dudas; pero más allá de las dudas y aun en las dudas mismas se abren las vías del conocimiento: conocimiento del mundo, conocimiento del hombre, conocimiento, sobre todo, de la presencia de Dios a través del hombre y del mundo." 
Ramón Xirau




Saturday, January 18, 2014

God's palace


"Imagine yourself as a living house. God comes in to rebuild that house. At first, perhaps, you can understand what He is doing. He is getting the drains right and stopping the leaks int he roof and so on; you knew that those jobs needed doing and so you are not surprised. But presently He starts knocking the house about in a way that hurts abominably and does not seem to make any sense. What on earth is He up to? The explanation is that He is building a quite different house from the one you thought of -throwing out a new wing here, putting on an extra floor there, running un towers, making courtyards. You thought you were being made into a decent little cottage: but He is building a palace. He intends to come and live in it Himself." 
- C.S. Lewis

Entiendo -desde hace tiempo lo hice- que la vida no puede ser absolutamente pacífica. Puede haber momentos de paz, eso es cierto, puede haber temporadas de tranquilidad, pero hay que tomarlas como lo que son: períodos de descanso y de recuperación de nuevas fuerzas, pues la lucha continúa y tenemos que estar preparados.

Una visión así de la vida, como una guerra constante, puede sonar terrible y deprimente, pero no es así, al menos no como yo la entiendo. Una vez que acepté que el dolor no es algo de lo que tenga que huir desesperadamente, sino que es algo que puedo aceptar como consecuencia de la guerra/demolición, se volvió más soportable. Porque entonces entendí que la guerra va a tener un fin y tenemos la victoria asegurada. Después de la demolición habrá un espléndido palacio lleno de Dios: la paz de hecho vendrá, lo único que tenemos que hacer es aprender a esperarla con fortaleza, confianza y humildad. Y en esa misma esperanza de la paz, ya hay algo de anticipación de la misma. 

Así aprendí que en la misma experiencia del dolor se encierra la experiencia de la paz. Por eso puedo sentir que el alma se me parte con la ausencia de mis niños, y al mismo tiempo llenarme de una profunda y tranquila alegría al saber que son felices y plenos, y de que sólo tengo que esperar para volver a verlos. 

[Y en esa esperanza hay algo de anticipación...]

El bien de poder saberlos y sentirlos bien es infinitamente superior al mal de su ausencia corpórea. No es que no duela -duele como ningún otro dolor que haya experimentado en mi vida-, pero ese "doler" se vuelve poco importante.

Suena a cliché y no puede sonar de otra manera, porque las palabras no bastan para describir sensaciones tan fuertes, pero es la verdad. Puedo ser feliz en esta vida porque aprendí a aceptar y a enfrentar su dolor. No sé qué clase de palacio está construyendo nuestro Señor conmigo, pero confío en Él y sé que cuando termine va a ser algo que jamás me imaginé que pudiera existir; y me va a encantar. 







Thursday, June 20, 2013

La vida no está hecha de poesía



Fantasía; mi bello y peligroso refugio desde que tengo memoria. Se me da con facilidad, en forma de diálogos imaginarios, historias, imágenes, sueños.

Sé que no es mala en sí misma, pero he aprendido a temerle, porque sé que en mí fácilmente puede convertirse en obsesión. Se vuelve mi fuente de vida y sentido, y eso no está bien. Ha habido etapas de mi vida en las que vivía más tiempo en mi mente que en la realidad. Me levantaba, comía y funcionaba en el mundo como si se tratara nada más de "pasar la tarjeta"; un requisito absurdo para seguir existiendo, para seguir soñando. 

A los demás parecía no molestarles: me veían con un libro o escribiendo y entonces todo estaba bien. Mi vicio era socialmente aceptado, incluso aplaudido.

Me di cuenta de había dejado de ser un juego inocente cuando empecé a preferirla a la vida real, pero no me importó. Seguí hasta enfermarme de fantasía, hasta empezar a confundirla con la realidad. 

No recuerdo qué fue lo que me salvó en aquella ocasión, sólo sé que hubo un día en el que preferí la vida al sueño. De lo que sí me acuerdo es que fue difícil. Se trató de una auténtica desintoxicación y tuve que aprender a controlarme para no caer de nuevo. 

Llevo muchos años viviendo, en el más pleno sentido de la palabra, pues probé el placer de construir cosas reales y me encantó. El único problema es el dolor. No es que en la fantasía no existiera; de hecho me autoconmovía hasta las lágrimas con regularidad. Pero eran lágrimas hechas de poesía, era un dolor disfrutable, estético. El dolor real es seco, duro y burdo. Muy burdo. 

La tentación del sueño es enorme otra vez. Vuelvo a la guerra conmigo misma. ¿Cómo se gana una guerra así?

 




Monday, October 31, 2011

Tree of Life



"There were two ways through life – the way of nature and the way of grace. You have to choose which one you’ll follow. Grace doesn’t try to please itself. Accepts being slighted, forgotten, disliked. Accepts insults and injuries. Nature only wants to please itself. Get others to please it too. Likes to lord it over them. To have its own way. It finds reasons to be unhappy when all the world is shining around it. And love is smiling through all things."

Terrence Malick, The Tree of Life

Wednesday, September 22, 2010

Pensamiento recurrente

Se sentó en su banca favorita del parque, la que daba al estanque de los patos. Su nana solía llevarla ahí cuando era niña. Hacía años que no regresaba, pero todo seguía igual. Incluso la banca seguía rechinando con el mismo sonido metálico de antaño. Pero la experiencia se sentía diferente. Era como observar un cuadro, como si ella estuviera fuera de la escena y tan sólo la estuviera contemplando.

Alicia vio sus manos. Estaban arrugadas y manchadas. Su cabello, alguna vez negro azabache, ahora era completamente blanco. ¿Cuándo había envejecido tanto? En ese momento le pareció que su vida había pasado muy precipitadamente. Había hecho tantas cosas, conocido a tanta gente, visitado tantos lugares... Había amado mucho, quizás demasiado.

-¿Será posible? -se dijo Alicia. -¿Se puede amar “demasiado”?

Tal vez tan sólo había amado lo suficiente, lo que había podido. Ser lastimado es parte del proceso, y ella lo sabía muy bien. Sin embargo, en ese momento, sentada en su banca favorita, tuvo la certeza de que cada cicatriz había valido la pena.

-¡Pero qué cosas piensas! -exclamó de pronto para sí. -Pareciera que te estás despidiendo, pero no deberías hacerlo. Aún tienes muchos planes y cosas que hacer.

Alicia se levantó, acompañada por ese rechinido metálico que la llenaba de recuerdos, y tomó el camino de regreso a su hotel. Su corazón viejo y remendado aún funcionaba y, escondido bajo la mata de cabello plateado, aún había un cerebro con una mente activa y ocupada.

-Si es verdad que la muerte es inevitable, -pensó Alicia- entonces quiero que me sorprenda viviendo.

Wednesday, September 08, 2010

Hoy sería tu cumpleaños

51 años, para ser exactos. Es curioso cómo tu imagen de un hombre joven de 38 se ha quedado atrapada en mi memoria. No soy capaz de imaginarte más viejo, aunque lo he intentado. ¿Te verías como todos los demás papás? ¿Te estarías quedando calvo? ¿Habrías engordado un poco?

Te imagino sonriente, eso sí. Siempre fuiste muy simpático y juguetón... muy niño. Te gustaba molestarnos y hacernos renegar, competías con nosotros y te metías en nuestras discusiones infantiles y triviales como si fueran de la mayor importancia. Ahora, en ocasiones, me pregunto si realmente nos educabas o si sencillamente jugabas con nosotros. Era tu modo de descansar de esa seriedad tan severa que te caracterizaba en el mundo exterior.

Hace mucho que no lloraba por ti, que no te extrañaba tanto. Supongo que tiene que ver con que yo misma estoy creciendo y construyendo mi propia vida. Como en mi mente sigues siendo el mismo, poco a poco me acerco más a ti. Me pregunto cómo será cumplir 38 años y poder ponerme en tus zapatos. O, incluso, lo que será cumplir 51 y seguir recordándote como ese gran niñote, lleno de sueños y planes de vida por cumplir.

Memento mori... Es una idea que me ha acompañado desde que te fuiste, hace ya 12 años. A veces me da miedo hacer planes a futuro, de querer vivir mucho. Pero me da todavía más miedo saber que tú no fuiste el último contacto que voy a tener con la muerte. Temo perder y temo ser perdida por alguien más. Y, finalmente, sólo me queda seguir aquí, intentando vencer el miedo sin olvidarte del todo.

Supongo al final lo que va a importar no van a ser mis planes insatisfechos (porque los va a haber), sino lo que realmente hice con mi vida. Tu muerte no fue tan mala, para ser francos. Fue trnquila y tuviste la oportunidad de despedirte. Te veías en paz, y esa última imagen de ti me ha adyudado mucho a aceptar tu ausencia.

Me gustaría preguntarme a mí misma ante mi propia muerte: "¿Cuánto fuiste capaz de amar?", y que la respuesta me fuera por completo satisfactoria, como seguramente fue la tuya. También, confieso, le he pedido a Dios que me permita irme de aquí escuchando algo de música. La pieza concreta se la dejo a su elección, pues confío en su buen gusto. Ya te contaré cuál fue.