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Friday, August 09, 2019

Ser suficiente



La sensación de esterilidad me acompaña desde hace tanto tiempo que no puedo recordar exactamente cuándo comenzó a atormentarme. Pero sé que no siempre fue así.

Hubo un momento de mi vida en el que me sabía suficiente, en el que no tenía expectativas excesivas sobre mí misma ni este constante sentimiento de culpabilidad que ahora tengo que mantener a raya como a un perro agresivo que me amenaza con sus colmillos.

¿Por qué se ha vuelto tan difícil saberme buena madre, esposa, amiga, hija... persona? Sobre todo cuando otros a mi alrededor no muestran decepción ni exigencia sobre mí. Mi familia y mis amigos creen en mí. ¿Por qué me cuesta tanto trabajo verme con sus ojos, con esa sana indulgencia y comprensión que yo le doy a todos, pero que nunca me permito a mí misma?

Sé que no estoy sola en esta lucha. Es un dolor compartido con muchas personas. Y sospecho que nunca me va a abandonar del todo. Pero sí hay maneras de mitigarlo, de regresar al rayito de luz que entra por la ventana y que me da algo de claridad en este pantano mental en el que me metí sin darme cuenta (otra vez...).

Ser suficiente no significa ser (ni hacer) todo. Simplemente se trata de ser (y hacer) lo que se debe y puede con los elementos disponibles. Ayer recordaba un capítulo de una serie que me gusta mucho llamada "Joan of Arcadia", en donde el personaje principal pasa varios días intentando aprender a malabarear con pelotas. Al final lo consigue, cuando se da cuenta de que siempre hay algo en el aire, algo suelto y fuera de su control, y que eso está bien. 

Las grietas están ahí, no las puedo eliminar completamente, pero puedo calmar un poco la sequía. Al final del día trato de recordar y repetirme esas palabras que siempre me curan como fresco bálsamo ante el dolor y el cansancio: "...a cada día le basta su propio afán."

Monday, July 30, 2018

En en interior





'I'm waiting for the call, the hand on the chest
I'm ready for the fight, and fate' -Woodkind


Es natural rechazar la guerra. La violencia no es algo bueno. Pero después de conocer a Juanjo y de escucharlo hablar incansablemente sobre la Ilíada, comencé a comprender un poco mejor la virtud humana que florece en los momentos de lucha. No es que la guerra en sí sea buena, pero sí hay cierta gloria en enfrentarla y lucharla. Hay virtudes como la valentía y la fortaleza que no conoceríamos de otra manera. 

Desde joven tenía la intuición de que la vida humana no puede ser pacífica todo el tiempo, al menos no aquí. Este mundo nos reta todo el tiempo. Lo curioso es la paradoja: la guerra se debe vivir en serenidad. La verdadera guerra siempre es interna. Lo que sucede afuera se conquista desde adentro. 

San Agustín también lo descubrió y lo expresa de maneras muy bellas. 

"Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera; brillante y resplandeciente, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti."

Tardé años en entenderlo, y sigo meditando sus palabras y encontrando nuevos significados, pero ahora comprendo la sensación. Entiendo que abrazar el dolor es posible cuando uno está en paz, porque la vida no es pacífica, pero el interior puede estarlo. 

"¿Qué obsesión tan rara tienen los católicos con el sufrimiento?" me preguntó un querido amigo una vez. No recuerdo exactamente qué le contesté en su momento, pero estoy segura de que fue algo sumamente intelectual. Hoy le contestaría algo más cercano a mi experiencia personal. Hoy le diría que el sufrimiento es inevitable, que dejar que las cosas "fluyan" o "decidir ser feliz" son expresiones en el fondo vacías e imposibles. El dolor está ahí, siempre lo estará. Huir de él lastima más que aceptarlo con los brazos abiertos. La clave es hacerlo desde la fe, desde un alma llena de gracia. Ahí está la dificultad, la verdadera lucha. 

Sentir dolor no es lo más difícil. Estar rodeado de obscuridad es relativamente sencillo (y, curiosamente, tentador). Ser luz en el abismo es lo realmente difícil. 

Ese breve instante de vértigo, esa arcada antes de sumergirme en el dolor... ése es mi punto débil, es cuando tengo la opción de rebelarme o de someterme a algo que sé más grande y mejor que yo. Ahí está la guerra. Y es ahí en donde temo perder. 



Tuesday, November 25, 2014

Pensamiento random

La verdad, no me gusta para nada "El segundo sexo" de Simone de Beauvoir. Entre más lo leo, más errores científicos y argumentativos le encuentro. Sin embargo, reconozco que los problemas que plantea no sólo son legítimos, sino que fueron puerta de apertura a la discusión.

Éste es uno de esos libros cuya importancia histórica no radica en su calidad como producto final, sino en términos de su influencia. Si este libro no se hubiera escrito, quizás hoy yo no estaría aquí en el aula, dando clases a universitarios con una panza de seis meses de embarazo.

Monday, October 27, 2014

Exigencias de infinito




Me molesta sobremanera esa manía que tengo por juzgar mi trabajo cotidiano como si fuera poco. Diario termino el día sintiendo que "no hice nada"o que "me falta mucho", pero si me tomo la molestia de hacer una lista con todo lo que empecé y terminé desde que me levanté hasta que mi cuerpo decidió que ya no quería seguir funcionando, me doy cuenta de que mi juicio está bastante equivocado. Las horas del día no alcanzan para todo lo que considero que debería hacer. 

Tengo que aprender a darme más tiempo para mí sin estarme juzgando. Me salía bien cuando estaba en la prepa: pasaba tardes enteras leyendo felizmente en mi cama, escuchando música o escribiendo algo por gusto, y no por obligación. 

No sé cuándo perdí la capacidad de descansar y de estar de ociosa sin remordimientos. 

Wednesday, May 11, 2011

Dolor

Me duele el corazón y me hierve la sangre. Ya no soporto este mundo cobarde y decadente que me rodea. No soporto el miedo y la mirada negra de tanta gente a mi alrededor... pero sigo teniendo esperanza, porque sé que hay algo más y porque sé que los cobardes y los pesimistas, en el fondo, también desean ver la luz.

Wednesday, March 23, 2011

Mientras pueda seguir volando


He pasado días intentando hacer las cuentas, pero ya no puedo recordar desde hace cuánto tiempo no encuentro palabras para dirigirme a ti. Es como si hubiera una pared invisible que distorsionara el mensaje que quiero dar. O tal vez nunca sale bien de origen, en realidad.

Me pregunto, ¿te pasará a ti lo mismo? ¿Tú también ves en mis ojos esa lejanía, esa incomprensión? ¿También te carcomen la desesperación y la duda de si será que tú ya no sabes hablar, o yo ya no sé entender?

Al menos eso me consolaría, porque significaría que aún tenemos algo en común.

Tuesday, February 22, 2011

Influencias

De niña soñaba que me convertía en un cisne. No en uno negro, como los que están de moda hoy en día, sino en un cisne blanco. Y que flotaba en el agua oscura y fría. Y que podía volar.

La primera palabra que aprendí a escribir fue "Odette". La primera pieza que pedí escuchar más de diez veces seguidas fue del ballet del Lago de los cisnes. El primer cuento que me hizo llorar fue el patito feo. Mis primeros dibujos libres fueron de sirenas, cisnes y atardeceres. Algo deformes, pero me esforzaba.

El primer vestido que le pedí a mi abuelita fue el de la Bella Durmiente. La primera narración que pude leer completa fue la de Pulgarcita. Mi primera película en el cine fue la Sirenita. Mi primera vocación fue la de bailarina.

Y todo esto ocurrió antes de cumplir los seis años.

No sé cómo ocurrió, pero aparentemente Tchaikovsky y Hans Christian Andersen tuvieron un papel muy importante en mi formación temprana.

Sunday, December 05, 2010

Caminos de papel




Sería bonito que hubiera un caminito trazado en la tierra, en el aire, en el mar... incluso en la propia piel. Un caminito reconocible por sus colores y su brillo, que pudiéramos encontrarlo siempre y no perdernos nunca...

Sería bonito, pero no es. Sólo hay lienzos en blanco y los caminitos los dibujamos con las tintas y colores que encontramos por la vida. No hay caminos inconclusos, todos llevan hacia alguna parte. Tampoco hay dos iguales. Y todos los que ya trazaron hermosos caminos llenos de curvas, montañas y profundidades, nos llaman a seguir el de ellos. Lo he intentado con un par, pero la verdad es que nunca podré llegar al final. Son caminos hechos para verse, para disfrutarse como una película o un libro en una lluviosa tarde de encierro. Incluso para pensarse y para tomar nuevos colores y texturas. Pero no para seguirse, porque los caminos se trazan. Siempre se trazan...