Las grandes escritoras del mundo escribieron igual que yo: mirando por la ventana de su cuarto especial, sintiendo y deseando lo mismo, soñando con transformarse a través de sus propias letras.
Mis heroínas como Jane Austen, Virginia Woolf, Sor Juana... escribieron lo que sabían; lo que vivían día a día y les interesaba y preocupaba. Concibieron sus mejores obras cuando escribieron para complacerse a ellas mismas, cuando dejaron de compararse y aprendieron a ser auténticas; cuando entendieron que los asuntos de cocina y de amores son los que al final valen la pena contar.
Me las imagino sentadas en su escritorio, como yo en este momento, vaciando su alma en el papel y dejándose llevar por el agradable murmullo de sus palabras resonando en su cabeza.
Las imagino disfrutando de un breve instante perdido en la eternidad, exclusivamente dedicado a ellas mismas. Y también las imagino despertando de su ejercicio de pasión desbordada, siendo reclamadas por ese mundo que veían con mirada inquisitiva y al que comprendían con una inteligencia aguda y un corazón despierto, pero al cual no podían adaptarse del todo.
Nunca las conocí y sin embargo me dejaron sus letras para leer a través de ellas, para sobrepasar los conceptos y las ideas y comprender los anhelos que las motivaron. No las conocí, pero me reconozco en ellas y espero, cuando el tiempo ponga a prueba mis letras, ser digna de compartir su pluma.
Mis heroínas como Jane Austen, Virginia Woolf, Sor Juana... escribieron lo que sabían; lo que vivían día a día y les interesaba y preocupaba. Concibieron sus mejores obras cuando escribieron para complacerse a ellas mismas, cuando dejaron de compararse y aprendieron a ser auténticas; cuando entendieron que los asuntos de cocina y de amores son los que al final valen la pena contar.
Me las imagino sentadas en su escritorio, como yo en este momento, vaciando su alma en el papel y dejándose llevar por el agradable murmullo de sus palabras resonando en su cabeza.
Las imagino disfrutando de un breve instante perdido en la eternidad, exclusivamente dedicado a ellas mismas. Y también las imagino despertando de su ejercicio de pasión desbordada, siendo reclamadas por ese mundo que veían con mirada inquisitiva y al que comprendían con una inteligencia aguda y un corazón despierto, pero al cual no podían adaptarse del todo.
Nunca las conocí y sin embargo me dejaron sus letras para leer a través de ellas, para sobrepasar los conceptos y las ideas y comprender los anhelos que las motivaron. No las conocí, pero me reconozco en ellas y espero, cuando el tiempo ponga a prueba mis letras, ser digna de compartir su pluma.
