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Friday, August 09, 2019

Ser suficiente



La sensación de esterilidad me acompaña desde hace tanto tiempo que no puedo recordar exactamente cuándo comenzó a atormentarme. Pero sé que no siempre fue así.

Hubo un momento de mi vida en el que me sabía suficiente, en el que no tenía expectativas excesivas sobre mí misma ni este constante sentimiento de culpabilidad que ahora tengo que mantener a raya como a un perro agresivo que me amenaza con sus colmillos.

¿Por qué se ha vuelto tan difícil saberme buena madre, esposa, amiga, hija... persona? Sobre todo cuando otros a mi alrededor no muestran decepción ni exigencia sobre mí. Mi familia y mis amigos creen en mí. ¿Por qué me cuesta tanto trabajo verme con sus ojos, con esa sana indulgencia y comprensión que yo le doy a todos, pero que nunca me permito a mí misma?

Sé que no estoy sola en esta lucha. Es un dolor compartido con muchas personas. Y sospecho que nunca me va a abandonar del todo. Pero sí hay maneras de mitigarlo, de regresar al rayito de luz que entra por la ventana y que me da algo de claridad en este pantano mental en el que me metí sin darme cuenta (otra vez...).

Ser suficiente no significa ser (ni hacer) todo. Simplemente se trata de ser (y hacer) lo que se debe y puede con los elementos disponibles. Ayer recordaba un capítulo de una serie que me gusta mucho llamada "Joan of Arcadia", en donde el personaje principal pasa varios días intentando aprender a malabarear con pelotas. Al final lo consigue, cuando se da cuenta de que siempre hay algo en el aire, algo suelto y fuera de su control, y que eso está bien. 

Las grietas están ahí, no las puedo eliminar completamente, pero puedo calmar un poco la sequía. Al final del día trato de recordar y repetirme esas palabras que siempre me curan como fresco bálsamo ante el dolor y el cansancio: "...a cada día le basta su propio afán."

Thursday, February 05, 2015

¿Madurez?

Estoy empezando a entender que la vida nunca va a ser fácil. Y eso no está mal.

Thursday, September 25, 2014

Vanidad

"Aun cuando lo hacen bien, los cristianos deben evitar la tentación de aparentar, de hacerse ver."


Como el Papa Francisco es todo un rockstar, no es difícil encontrar sus homilías publicadas mil veces en las redes sociales. Si debo ser sincera, rara vez le presto atención a esas publicaciones porque son demasiadas y porque suelen ser bastante cursis (no por culpa del Papa, sino por la interpretación que le dan).

Sin embargo, hoy me dio curiosidad una nota que hablaba de su homilía de hoy sobre la vanidad. En ella, Francisco no se limitó a criticar la hipocresía cristiana (la típica crítica del que se da golpes de pecho y presume que es muy bueno, pero no tiene una relación real con Dios ni busca hacer el bien), sino que también se puso a hilar fino y encontró otro huequito peligroso por el cual la vanidad puede carcomer nuestras almas: el reconocimiento externo de cuando de hecho hacemos algo bien.

Me llamó la atención porque es algo que en lo personal me preocupa. Es muy agradable que a uno se le reconozca la bondad, y a veces uno puede caer en el deseo de hacer algo bueno no por el acto en sí mismo, sino por la aprobación social que genera. 

Lo he sentido, incluso en los peores momentos de mi vida, incluso con el dolor de la muerte de José Miguel y de mi intenso deseo de ampararme en Dios y de fortalecer mi alma verdaderamente. Entonces llegaron las voces: "¡Qué admirables son Juanjo y tú!, yo no podría", "¿Cómo le hacen? Se nota que están muy unidos", "Son un ejemplo para todos nosotros"...

Mi instinto principal al escuchar esta clase de cosas fue rechazar el mérito (porque, de verdad no es nuestro mérito; esa paz definitivamente no vino de nosotros). Pero, poco a poco, la imagen de la heroína (de la "santa", como le gusta decirme al Oso), empezó a tentarme. Y me di cuenta de que está mal. Empecé a querer ser fuerte no por la fortaleza misma, no por el amor a la vida y la confianza en Dios, sino porque empecé a querer "ser ejemplo" para otros. Eso es vanidad. Y es de la peor, porque es fácilmente ocultable, porque hay acciones que "respaldan" el reconocimiento y que te hacen creerte tu papel de importancia. 

Finalmente, caer en eso te quita todo lo bueno que podías tener. Creer que "eres fuerte" te hace olvidar que la fortaleza es una virtud que tienes que cultivar todos los días y que para eso debes ser humilde. Entonces vuelve a llegar el dolor, y te encuentra desnudo y sin preparación. Los golpes de realidad nos recuerdan lo frágiles y débiles que somos; nos recuerdan la necesidad de reconocer que nuestra bondad no depende enteramente de nosotros. De eso se trata ser cristiano. 

Wednesday, July 16, 2014

Re-aprendiendo a esperar

Nunca pensé que sentir esperanza fuera un ejercicio tan difícil. A mí siempre se me ha dado de manera natural; pasara lo que pasara, sufriera lo que sufriera, la esperanza siempre surgía rebelde de mi pecho acongojado para gritarme con violencia y ardor: "¡hay sentido!"

Lo sigo creyendo con la misma firmeza de siempre, pero, por primera vez en mi vida, me está costando trabajo experimentarlo. La esperanza no está viniendo a buscarme como de costumbre, sino que tengo que detenerme en mi día a día para buscarla, cuidarla y protegerla del miedo.  

Este cambio no es algo casual; evidentemente tiene que ver con que cargo con un corazón roto que no sé cuántas veces más pueda remendar. ¿Habrá límites para los remiendos? Me gusta pensar que siempre quedará un pedacito de carne limpia para poder meter la aguja y sostener el resto con un hilito. Deforme y desaliñado, mi pobre corazón, pero palpitante. Eso debe ser suficiente para alojar a la ardiente esperanza.

Lo bueno de esta nueva experiencia -de tener que salir a buscar algo que antes daba por sentado- es que me ha hecho pensar mucho.

Hace poco leí la historia de una mujer que hablaba sobre la infertilidad y el dolor que le produjo darse cuenta de que no podía tener hijos. Ella escribió que "la esperanza no es la presuntuosa anticipación de una realización, sino el poder de aceptar pacientemente un ‘aún no’." Esta frase hizo un sentido muy profundo en mí. Quizás la esperanza ya no viene solita a mí porque ya no necesito esa esperanza rebelde y gritona de mi adolescencia. A lo mejor tengo que encontrar una esperanza más paciente y adulta, una que sepa mantenerme tranquila ante el miedo y la incertidumbre. 

Creo que el tipo de esperanza que estoy buscando se parece más a la confianza o a la paz. 

Thursday, May 16, 2013

Hay días más difíciles que otros. Días en los que todo pierde sentido, el mundo me parece estúpido y superficial, días en los que no quiero hacer nada más que llorar y sufrir.

Pero, incluso en esos días, sé que me estoy permitiendo creer mentiras. Sé que he sido bendecida y que estoy rodeada de mucha gracia. No debo caer en la tentación de sentirme víctima. El mundo me justifica por mi dolor, pero yo sé (y Él sabe) que soy mejor que eso. 

Puedo dar más, quiero dar más. Sé que puedo.

Thursday, May 17, 2012

Cansancio moral

¿Por qué hago el mal que no quiero y no hago el bien que quiero? ¿Por qué cosas tan simples en la vida como hablar tranquilamente y con gusto con las personas a las que quiero se dificultan tanto cuando estoy cansada?

Quizás mi problema es que cuento demasiado conmigo misma y se me olvida lo chiquita que soy. Para ser humilde hay que practicar durante toda la vida.

Wednesday, October 19, 2011

Mi nueva vieja camiseta

"Uno pensaría que en un seminario las cosas son diferentes, que todos nos tratamos como hermanos, pero la verdad es que no es así".

"Los muchachos vienen porque sienten la vocación, pero no quieren estudiar, no les interesa la filosofía."

"Aquí hay gente de muchos lados, y pues no todos se llevan los unos con los otros. Hay muchas rivalidades."

"No sé si es porque no he estudiado en otro lado, pero siento que éste no es un ambiente universitario."


Podría llenar un post completo con todas las frases derrotistas y negativas que he escuchado estos últimos tres meses. Desde que llegué a dar clases al seminario, absolutamente todos, desde el director de la facultad, los alumnos y demás profesores, no han dejado de quejarse de lo mal que están las cosas. Y lo que es peor: todos culpan al otro. Nadie hace nada por mejorar el ambiente, sino que se tiran entre todos.

Cuando entré a dar clases me invitaron a la primera asamblea de profesores del año (a la fecha sigo esperando la "segunda"). Ingenuamente, pensé que ahí iba a conocer a todos los demás. Si fuimos cinco, éramos muchos. El director de la facultad nos pidió nuestro apoyo y participación en las actividades del instituto, que impulsáramos a los jóvenes en los estudios filosóficos, que les mostráramos la importancia de los mismos para la teología... Nos pasaron un calendario con las actividades del semestre. Todos asentían y comentaban que teníamos que fomentar el estudio y la unión, empezando por los mismos profesores, etc. Fue una reunión que me hizo sentir responsable y que me dio ánimos. Quise ponerme la camiseta, pertenecer a esta nueva institución e impulsarla, y me sentí a gusto al pensar que había más que pensaban como yo.

Eso fue en agosto. Acaba de ser el Día del ISEE, es decir, el día especial en el que se celebra el aniversario del instituto. Se nos había pedido a todos los profesores que asistiéramos y que participáramos en las actividades con los estudiantes. Ese día se me complicaba, pero no me importó, dejé todo para estar, pues me había comprometido desde que acepté el trabajo. Llegué a la misa en la capilla y me sorprendió darme cuenta de que yo era la única de los profesores de filosofía. Bueno no, también estaba la de italiano, pero se fue temprano.

Pasé toda la mañana con los estudiantes. Me sentía como el frijolito en el arroz; un puntito rosa mexicano (el color de mi suéter) en medio de sotanas y sacos negros. Fui al concierto, a la presentación de la sociedad de alumnos, a los torneos de básket y fútbol, comí con ellos, canté y aplaudí cuando llegaron los mariachis... y todos me preguntaban con sorpresa cuando me veían: "¿se va a quedar a todo, profesora?".

Ayer en la mañana me llamó muy preocupado el director de la facultad para preguntarme por qué había ido al instituto. "¿Necesitaba algo?", me preguntó con su acento italiano. "No, fue el Día del ISEE", contesté desconcertada. "¡Ah, es verdad!", dijo el director. "Es que yo no la vi ahí, como yo no fui...". Francamente, no supe qué contestar.

Me pregunto si se darán cuenta de que el "ambiente" del que tanto se quejan todos lo están haciendo ellos solitos. El día de la celebración, después del concierto, uno de los miembros de la sociedad de alumnos se acercó con los músicos a regalarles el Anuario Filosófico del ISEE, un libro con artículos de filosofía hecho por profesores, alumnos y ponentes externos. Uno de mis alumnos, sentado a mi lado, se tapó la cara con vergüenza y se empezó a burlar de la situación. Yo me volteé, lo miré molesta y le dije:

-¿Por qué te da vergüenza?, es lo que ustedes hacen.

Él me vio extrañado y me dijo:

-Porque es muy aburrido, hasta a mí me da flojera leerlo.

-¡Pero es lo que ustedes hacen! Ellos hacen música y se las comparten; ustedes hacen filosofía y teología, lo más lógico es que la compartan también.

Se quedó en silencio unos momentos y luego me dijo:

-He notado que tienes opiniones muy positivas y muy firmes al respecto de muchas cosas.

-¿Y eso qué tiene?

-Pues que es muy raro, no es lo común. Si sabes eso, ¿no?

No pude evitar sonreír.

-Pues precisamente aquí no debería ser raro.

Él se rió.

-No me vengas con eso- se quejó. -Los seminaristas somos humanos también.

-Y precisamente por eso están llamados a algo más.

Después de eso se quedó callado un rato. No volvió a burlarse de nada.


Causé conmoción ese día sin saberlo. Hasta el final capté lo extrañados y sorprendidos que estaban todos por el hecho de que me había quedado. También debo reconocer que los muchachos de la sociedad de alumnos se pusieron mucho las pilas. Se nota que ellos también quieren cambiar la situación. Cuando llegaron los mariachis, escuché a un alumno decir: "este es el mejor Día del ISEE en el que he estado".

Alguna vez un amigo escribió en un post que las instituciones no pueden esperar que su gente quiera ponerse su camiseta si se les da una que está sucia y fea. Es curioso, pero yo estoy enamorada de esta vieja camiseta, medio sucia y raída. No me asusta esta mugre, porque sé que en el fondo a los demás tampoco, y que se la quieren limpiar. Quiero usar mi vieja camiseta, y por eso intento lavarla y remendarla. Espero, algún día, lucirla con sus colores originales.






Tuesday, October 04, 2011

Deslumbrada

Ya no hay tiempo para escribir. Es como decir que ya no hay tiempo para amar. Y a veces me pasan esa clase de frases por la mente, mientras sigo con la cabeza hundida en la pantalla de la computadora.

Mi tiempo se resbala, como arena, como si me lo estuvieran robado los hombres grises de Momo. Pero en realidad no es culpa de nadie más. Yo soy la que me diluyo entre obligaciones auto-impuestas, cansancios, ojeras, estrés y pensamientos como "debo ser responsable", "ahora soy un adulto", "construir siempre cuesta trabajo", y cosas así. No estoy comprendiendo de qué trata la vida. Mal vivo mi presente esperando vivir en un futuro. Y ese futuro nunca va a llegar, porque no existe.

¿Realmente necesito todo esto, o es mera ambición? Me acusaba de floja. Ahora me acuso de miope. No ciega, porque sé distinguir bien el color del oro verdadero, pero reconozco que me deslumbró su reflejo. Y, finalmente, el oro es sólo otro frío metal...



Tuesday, March 29, 2011

Cuando el tiempo va más lento


Me siento extrañamente aletargada, pues aunque mi mente inquieta no deja de pensar cosas, en la vida real los minutos pasan y el reloj no me dice gran cosa. Si el tiempo es la medida del movimiento, entonces mi tiempo va más lento. A veces tanto que se vuelve irrelevante. Paty llega con la bandeja de la comida o del desayuno, mi mamá con las inyecciones diarias, la noche con su paz y fresca calma... Esos son mis indicadores. Mido mi vida a través de los momentos en los que interrumpo mi trabajo o mi soledad para comer o para ser atendida por alguien.

Extrañamente, ya me estoy acostumbrando a esto. Me pregunto si mi vida regresará a como era antes en cuanto el doctor me dé de alta. ¿Estos días de resignamiento a la inmovilidad no repercutirán en algo en mí, en mi forma de ser y de vivir? ¿Será tan sólo uno de esos períodos que pasan por la vida de alguien sin representar una importancia notoria?

Podría ser, pero si fuera así entonces no estaría escribiendo sobre esto. Las experiencias nos cambian cuando decidimos hacerlas relevantes en nuestra vida. Y al parecer estos diez días en cama son parte de cuatro años de enfermedad que me han hecho replantear y pensar mucho lo que quiero hacer con mi vida.

Sunday, December 05, 2010

Caminos de papel




Sería bonito que hubiera un caminito trazado en la tierra, en el aire, en el mar... incluso en la propia piel. Un caminito reconocible por sus colores y su brillo, que pudiéramos encontrarlo siempre y no perdernos nunca...

Sería bonito, pero no es. Sólo hay lienzos en blanco y los caminitos los dibujamos con las tintas y colores que encontramos por la vida. No hay caminos inconclusos, todos llevan hacia alguna parte. Tampoco hay dos iguales. Y todos los que ya trazaron hermosos caminos llenos de curvas, montañas y profundidades, nos llaman a seguir el de ellos. Lo he intentado con un par, pero la verdad es que nunca podré llegar al final. Son caminos hechos para verse, para disfrutarse como una película o un libro en una lluviosa tarde de encierro. Incluso para pensarse y para tomar nuevos colores y texturas. Pero no para seguirse, porque los caminos se trazan. Siempre se trazan...

Wednesday, November 24, 2010

Vanity, thy name is human

El camino de la bondad es peligroso. No tanto por los obstáculos y las envidias que vienen de fuera, sino por los demonios que uno alberga adentro. Ya lo había dicho Cristo: no es lo que entra en el hombre lo que lo daña, sino lo que sale de él. Y uno de mis peores demonios internos, es la soberbia.

He luchado contra ella desde que soy consciente de que la tengo, y ha sido una lucha exhaustiva y agotadora. Y es que es tan difícil ser humilde... en especial cuando te enfocas tanto en conseguirlo. A veces incluso siento que estoy encerrada en un círculo infinito, pues cuando más creo haber logrado actuar con humildad, descubro que el móvil de mis acciones no es el amor, sino la vanidad.

Ser humilde no es hacerse pequeño por el deseo interno de que los demás reconozcan que eres grande. Ser humilde es reconocer desde un inicio que nuestra naturaleza está llamada a ser mucho más de lo que somos ahora e intentar engrandecerse. Amar no es sacrificarse siempre y ser un mártir viviente; es disfrutar dando y recibiendo. Es decir, compartiendo.

Lo único que uno logra yéndose al otro extremo del péndulo por miedo a ser soberbio, es terminar con una autoestima hecha puré y con una salud física peor. Y, al menos en mi caso, eso provoca un pésimo humor y un desquite emocional con los que te quieren, lo cual te causa remordimientos, menos autoestima y el círculo vicioso vuelve a empezar.

Necesito acordarme de la grandeza que hay en mí, necesito darme tiempo para mí misma, cuidarme, mimarme y consentirme un poco más y, lo más importante: dejar de tener miedo.

El miedo, aunque se le tenga a un pecado, es la peor de las enfermedades. Y ya me estoy cansando de padecerla.

¿En dónde dejé mi espada?

Tuesday, August 31, 2010

Aunque aún sienta miedo




"El trabajo puesto en manos de Dios no es inútil".

Es una frase que escuché decir al padre en misa este domingo. Es algo muy sencillo, incluso aparentemente obvio para los creyentes. Sin embargo, en ese momento a mí me hizo un sentido terrible.

Después de trabajar tanto y de recibir tantas críticas y muestras de desconfianza y conmiseración (principalmente por parte de personas que me quieren y se preocupan por mí), uno comienza a dudar, a temer y a desanimarse. Es difícil emprender, pero no tanto por la dureza de las circunstancias ni por los sacrificios, sino por no poder saber a ciencia cierta si los esfuerzos tendrán realmente una recompensa o si al final resultarán inútiles. El miedo al fracaso es uno de los temores más corrosivos y recurrentes que he tenido que enfrentar, y en gran medida ha sido por decisión propia.

La única manera que he encontrado para matar ese miedo, es la fe. En este caso cito una frase que mienta a una fe religiosa: si creo en Dios y en la Providencia, entonces tengo la seguridad de que todo mi esfuerzo está siendo considerado por Él, aunque no tenga frutos visibles para mí. Es una idea consoladora y esperanzadora, pero no es el único modo de fe que sostiene empresas como las que he tomado. La fe en las personas, en mis amigos, en mi propia determinación... todo eso cuenta, todo eso es indispensable para seguir adelante.

Sinceramente esta frase que cité es lo único que recuerdo del sermón de aquel día, pues significó tanto para mí que dejé de prestarle atención a lo demás. Al escucharla entendí que con fe se puede todo. Suena trillado y tal vez exagerado, pero no estoy hablando de una fe cualquiera, pues si pretendo que mi fe pueda con "todo", entonces tiene que ser una fe omniabarcante. No sólo tener fe en Dios, sino también en todo lo demás, especialmente en mí.

"Las ataduras están sólo en tu cabeza", me dije a mí misma mientras rezaba ese día. Nada me detiene, más que mis propios miedos, mi angustia, mi cobardía, mi comodidad. Nada me detiene más que yo, y la fe también cura eso.

Por un breve instante sentí que tenía el mundo de posibilidades infinitas a mis pies. Por un instante sentí la plena certeza de que puedo hacer cualquier cosa, por más imposible que parezca. Fue un momento de gracia que, desafortunadamente, no sigue tan presente ni con tanta intensidad en mí. Pero la idea sigue existiendo en mi mente y sé que es verdad, aunque aún sienta miedo.

Monday, July 05, 2010

Conociéndome en Frida

Me he dado cuenta de que es una cuestión recurrente: cuando un autor, artista o personaje histórico capta mi atención, me obsesiono con él una buena temporada. Me pasó con Remedios Varo, con Virginia Woolf, con Tolkien, con Simone de Beauvoir, con Heidegger... y ahora con Frida Kahlo.

Supongo que identificarme en algún aspecto específico de sus vidas me hace interesarme por su historia y por lo que tienen que decirme. Finalmente, todos mis vagavundeos en vidas ajenas acaba diciéndome mucho sobre mí misma y sobre mi presente.

Con Frida fue un verdadero accidente. Nunca me han gustado sus pinturas y siempre he tenido un terrible prejuicio sobre su tormentosa persona. Jamás me interesó saber sobre ella porque creí que no había demasiado, la verdad. Incluso me desagradaba que fuera el icono que exportamos como país a otros lugares: todo el mundo la ubica como "la artista mexicana" y sus autorretratos aparecen en postales, bolsas, llaveros y toda clase de objetos que compran los turistas. Y ahora que lo pienso, creo que a ella tampoco le encantaría haberse convertido en eso.

Volviendo al tema, resulta que mi interés por Frida surgió por una casualidad: estaba buscando un video que no tenía nada que ver en youtube para publicar en Eudoxa, cuando me topé con la película completa de "Frida". Recordé que fue bastante criticada en su momento y y me dio curiosidad. La vi entera y me gustó bastante, pero a sabiendas de que Hollywood suele tergiversar todo en aras de su "estética", decidí investigar un poco más de la vida de Kahlo. Me he dedicado a ver sus obras, a entender qué significan, a ver sus fotos, a conocer su vida... Y ahora me encuentro leyendo su diario personal, alguna vez guardado celosamente y actualmente publicado y a la mano de cualquiera que pueda comprarlo (porque no está nada barato).

Varias cosas me han cautivado de ella y sospecho que voy a publicar más de un post con los temas que me han rondando últimamente en la cabeza por su culpa, pero hoy quiero compartirles uno en especial. En la dichosa película hay una escena en donde la joven Frida conoce a Diego Rivera. No sé si el diálogo sea ficticio o si esté basado en el hecho histórico, pero las palabras que le decía Diego a Frida me pegaron profundamente. Ella quería saber qué opinión tenía él de sus pinturas y Diego le contesta: "¿Para qué quieres saber mi opinión? Si eres pintora, lo eres, y no vas a dejar de pintar aunque yo te lo diga."

Me recordó a algo que me dijo mi mamá cuando a mis 12 ó 13 años le alegué que yo todavía no era una escritora: "¿Entonces qué eres, si te la pasas escribiendo todo el día?". El artista es artista no porque alguien más le de el título, sino porque se dedica a su arte. Yo soy escritora cuando escribo, no cuando me refiera a mí misma con ese nombre.

Así es que, ya basta de autoengaños, y a escribir.

Thursday, February 25, 2010

Cruda realidad

El niño más latoso con el que trato en mi servicio social se llama Emiliano. Acaba de cumplir 10 años y es la piel de judas. Tiene un poder enorme sobre sus compañeros, los intimida, hace su santa voluntad y dice un montón de groserías, en especial a las niñas.

Es terrible y, sin embargo, es con el que más me he encariñado. Le he dedicado mucho tiempo a enseñarle a ser más tranquilo, a no abusar de los demás y a portarse bien. Los primeros días se impresionaba de que lo "cachara" en sus travesuras. Al parecer pensaba que nadie lo veía, que pasaba desapercibido. Me pregunto cuánto tiempo será ignorado por sus padres para que piense que los adultos de hecho no lo ven

En los pocos meses que llevo de conocerlo lo he visto cambiar bastante para bien. Sigue siendo traviezo para llamar la atención, pero al menos ya no es tan agresivo. Incluso he descubierto que tiene un lado artístico: le encanta dibujar vírgenes de Guadalupe y colorearlas con acuarela. Y no le quedan nada mal...

Sé que no va muy bien en la escuela y que no hace sus tareas. Como miente y dice que no le dejaron nada, hoy decidí llevarle yo unos ejercicios de inglés. Era algo muy sencillo; nada más tenía que relacionar palabras con dibujos de animales. Me senté a ayudarlo a sabiendas que el inglés que les dan en la escuela es realmente deficiente. Me esperaba que no supiera el significado de las palabras. Lo que definitivamente no me esperaba, es que no pudiera leerlas.

-Emiliano, no importa que no sepas pronunciar en inglés; lee como si fuera en español.

Silencio. Emiliano sonrió con vergüenza y bajó la cabeza. Fue entonces cuando me di cuenta de que ni siquiera sabía los nombres de las letras.

Pasé toda la tarde de hoy repasando letras y sonidos. Sinceramente no tengo la técnica para enseñar a leer y me limité a imitar lo que las maestras hicieron conmigo en preprimaria. El pobre de Emiliano se aburría, era una verdadera tortura para él.

Hoy salí del servicio indignada y conmovida. El próximo jueves voy a ir con dos regalos para Emiliano: un libro de español y una caja de acuarelas.

Sunday, December 27, 2009

Imposible nothing

"Imposible, significa que no has encontrado la solución." - Henry Ford


Estoy harta de que las personas juzguen mis proyectos y mi trabajo como meros intentos. Estoy verdaderamente cansada de que la juventud sea vista de modo casi peyorativo y con cierto dejo de conmiseración. Estoy molesta por las palmaditas en mi espalda. Quiero ser tomada en serio, quiero dejar de ser vista como una niña y de dudar de mí misma por los juicios de "los adultos".

Nada es imposible. Tal vez no tenga la experiencia que los años le han brindado a otras personas, pero eso no significa que sea menos capaz o menos competitiva. Nada es imposible, no importa cuántas veces me repitan frases desanimadoras ni que se me trate con poca fe. No me importa que me repitan mil veces que no puedo hacer las cosas, no pienso volver a tener miedo, no me permetiré volver a dudar de mi capacidad.

Aquí estoy, dispuesta a mostrarme de qué estoy hecha.

Saturday, December 26, 2009

Signos visibles



Como bien saben los que me conocen, tengo problemas con el sacramento de la confesión. Creo en ella, la entiendo, me gusta la idea teórica... pero me cuesta un trabajo enorme confesarme en la práctica. No es que no quiera que un sacerdote escuche mis pecados; no es por vergüenza. Es, más bien, porque no siento que el sacerdote pueda dedicarme suficiente tiempo para profundizar en lo que quiero confesar. Juanjo dice que debo pensar que es Dios el que me está perdonando, no el ministro. Es Dios el que entiende la profundidad de mis acciones y el sacerdote no tiene que entenderlo a la perfección, pues él es tan sólo un instrumento.

Con esto en mente, decidí confesarme hoy. Previsoramente, me formé en la cola antes de que empezara la misa, para no perderme mucho. Sin embargo, las personas tardaban mucho en salir. Cuando llegó mi turno, entré y me hinqué en la celosía, pero el padre me dijo que tomara asiento en frente de él. Era un viejito que a penas y podía oír y que hablaba muy bajito. Me preguntó mis pecados, me escuchó atentamente y después comenzó a hablar. Me platicó anécdotas, me contó chistes que me hicieron reír, me preguntó un montón de cosas y me aconsejó otras tantas.

La misa transcurría afuera del confesionario, mientras que el simpático padre se tomaba todo el tiempo del mundo conmigo. Sin que yo lo notara, el hombre me dio toda una cátedra de teología. finalmente, me dio la absolución, me dio la mano y salí radiante y alegre directo a comulgar. El padre había dedicado toda la misa a mi confesión.

¿Nunca han sentido que Dios les manda un mensaje? Hoy me lo pareció a mí.

Wednesday, December 16, 2009

Enfrentándome a mi realidad

Escribir no se trata solamente de estar inspirado. Las musas son caprichosas y no siempre visitan a los que las necesitan.

Escribir implica disciplina. Si se deja, aunque sea por un momento, se pierde mucha práctica, el estilo se opaca y las ideas palidecen. Hay que seguir, aunque ya no den ganas, aunque las palabras parezcan resbalarse de las manos y los sonidos no sean agradables y melodiosos. Hay que escribir, aunque sea un traguito amargo, pues de otra manera la tinta se seca cada vez más y el pensamiento deja de fluir.

No, me niego. Aquí estoy. No tengo palabras, no tengo ganas, pero sí la firme decisión de seguir.

Pluma mía, aquí voy.

Tuesday, October 06, 2009

Confesión de libertad

Veis aquí mi corazón,
Yo le pongo en vuestra palma
Mi cuerpo, mi vida y alma,
Mis entrañas y afición;
Dulce Esposo y redención,
Pues por vuestra me ofrecí
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida:
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad,
Dadme guerra o paz cumplida,
Flaqueza o fuerza a mi vida,
Que a todo digo que sí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

(...) Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?

- Santa Teresa de Jesús


Me falta humildad, me falta fe. ¿Quién soy yo para sentirme importante, para pensar que mi dolor es especial y que me hace diferente? ¿Por qué creí tener la facultad para juzgarme, para ser tan dura conmigo misma, para pedirme perfección? ¿Cuándo me dejé morder por la serpiente y me permití ver a los demás con ojos críticos y sedientos de fría y cruel legalidad?

Tan sólo soy yo, con mi complejidad, llena de carencias y remiendos de virtudes. Soy tan pequeña, tan contingente... ¿cómo es que esperé tanto de un ser tan frágil?

Abandoné la gracia buscando ser modelo de santidad. Soberbia... maldito demonio que me sigue y que, a penas bajo la guardia, me carcome el alma.

He recibido una lección. He aprendido a abandonarme en los brazos de Dios. Yo no puedo sola, nadie puede. Duele reconocerlo, el orgullo quema, el demonio se retuerce... pero el espíritu descansa.

Dios no respondía ante mi desesperación, pero lo ha hecho ante mi fe, y se lo agradezco.




Monday, August 10, 2009

Hate being normal

Si al menos hubiera sido por algo importante... pero no. Soy un simple mortal, como todos los demás. Mis problemas no tienen una causa sobrenatural. En realidad, son tan comunes y corrientes que a veces pareciera que no vale la pena mencionarlos. Yo también soy una de las múltiples víctimas del estrés, del agobio y el cansancio. Me pongo grumpy cuando tengo hambre o sueño y a veces me asaltan la inseguridad y el miedo.

El mayor de mis problemas es que todavía no me acostumbro a ser humana. Tengo ese terrible complejo de súper niña que en varias ocasiones me impide ver no hace falta un cataclismo para desbalancearme o confundirme. La molestia de tener que ir mañana a la promoción del curso que voy a dar en la Anáhuac y lidiar con la presión de juntar a 10 personas que se interesen en estudiar teología, es una razón suficiente y legítima para tenerme nerviosa y medio malhumorada.

Quise pensar que era otra cosa. Algo tan nimio y tonto no podía afectarme tanto. El problema es que de hecho lo hizo.

Me choca ser normal. Pero nimodo, así es esto. Es mejor reconocer las causas de las molestias a tiempo, porque si no, uno las deja crecer y al final explotan (y por eso luego uno se cree demasiado importante).