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Tuesday, September 30, 2014

Sentir culpa

Este mundo me sorprende por despreciar la culpa. Constantemente se me invita a vivir sin culpa de nada, sin reconocer las consecuencias de mis acciones, sin juzgar mis acciones ("las cosas no son buenas ni malas, simplemente son..."). Pero eso no funciona; me consta. 

Sentir culpa no es algo malo. Lo malo (o lo bueno) es lo que hacemos con ella. 

Después de haber vivido muchas culpas, me he dado cuenta que hay de dos tipos:

1. Las merecidas
2. Las inventadas

Las inventadas son las peores. Yo les llamo demonios, porque hay que exorcizarlas. Son fáciles de identificar porque suelen ser obsesivas, destructivas y denigrantes, pero sobre todo, son mentirosas. Nos dicen cosas que no son verdad y que nos hacen sentir mal. Provocan que nos juzguemos a nosotros mismos y no a las acciones; porque verán: nadie tiene derecho a juzgar a una persona, ni siquiera ella misma. El juicio moral recae únicamente sobre la acción, no sobre quien la realiza.

Una vez identificada una culpa de este tipo, hay que desenmascararla. A los demonios les gusta actuar en la oscuridad porque su poder depende de sus mentiras, pero una vez descubiertos y puestos en evidencia, su amenaza se desvanece. Pasa lo mismo con las culpas inventadas.

Con las merecidas se procede diferente. Lo primero que hay que hacer es reconocerlas, porque si nos empeñamos en ignorarlas, como nos insiste el mundo, lo más probable es que crezcan con malformaciones y se conviertan en demonios. Ya una vez reconocidas, hay que expiarlas. Se necesita llorar el dolor que sentimos por haber hecho algo malo. Hay dolores que se lloran más y otros menos, pero la expiación es un paso necesario que no debemos saltarnos. Finalmente, hay que perdonarnos. Perdonarse no es ignorar, no es "disculparse" [quitarse la culpa], no es borrar: se trata de hacer lo bueno.

Un buen amigo me enseñó que perdonar se trata de pagar un mal con un bien, y creo que ya lo entendí. Se trata de generar un bien que supere al mal, que lo haga insignificante. El mal sigue ahí, pero ya no importa, porque es tan pequeñito y tan irrelevante que ya no puede causar daño y se nos olvida. Es algo así como arrancarse una verruga: dependiendo de qué tan grande sea, el proceso duele y la cicatriz queda, pero con el tiempo se nos olvida que alguna vez estuvo ahí.

No está mal sentir culpa. Simplemente hay que saber lidiar con ella. 




Wednesday, July 16, 2014

Re-aprendiendo a esperar

Nunca pensé que sentir esperanza fuera un ejercicio tan difícil. A mí siempre se me ha dado de manera natural; pasara lo que pasara, sufriera lo que sufriera, la esperanza siempre surgía rebelde de mi pecho acongojado para gritarme con violencia y ardor: "¡hay sentido!"

Lo sigo creyendo con la misma firmeza de siempre, pero, por primera vez en mi vida, me está costando trabajo experimentarlo. La esperanza no está viniendo a buscarme como de costumbre, sino que tengo que detenerme en mi día a día para buscarla, cuidarla y protegerla del miedo.  

Este cambio no es algo casual; evidentemente tiene que ver con que cargo con un corazón roto que no sé cuántas veces más pueda remendar. ¿Habrá límites para los remiendos? Me gusta pensar que siempre quedará un pedacito de carne limpia para poder meter la aguja y sostener el resto con un hilito. Deforme y desaliñado, mi pobre corazón, pero palpitante. Eso debe ser suficiente para alojar a la ardiente esperanza.

Lo bueno de esta nueva experiencia -de tener que salir a buscar algo que antes daba por sentado- es que me ha hecho pensar mucho.

Hace poco leí la historia de una mujer que hablaba sobre la infertilidad y el dolor que le produjo darse cuenta de que no podía tener hijos. Ella escribió que "la esperanza no es la presuntuosa anticipación de una realización, sino el poder de aceptar pacientemente un ‘aún no’." Esta frase hizo un sentido muy profundo en mí. Quizás la esperanza ya no viene solita a mí porque ya no necesito esa esperanza rebelde y gritona de mi adolescencia. A lo mejor tengo que encontrar una esperanza más paciente y adulta, una que sepa mantenerme tranquila ante el miedo y la incertidumbre. 

Creo que el tipo de esperanza que estoy buscando se parece más a la confianza o a la paz. 

Friday, May 18, 2012

Estudiar para ser incómodos

Llevo tanto tiempo estudiando y tratando de entender a profundidad mi religión que se me olvida que la mayoría de la gente, incluso los que se llaman a sí mismo católicos, tienen una noción muy distinta de lo que realmente significa ser cristiano.

Particularmente me llama la atención esa idea, aparentemente generalizada, de que la Iglesia católica se dedica a juzgar a los demás. Como si fuera una especie de "big brother" que decide quién es bueno y quién es malo, y que tiene una enorme lista de reglas morales que hay que seguir para ser parte del club.

Es una visión tan exagerada y tan trunca... Es tan infantil como decir que los católicos pensamos que de hecho hay un infierno lleno de fuego y diablitos rojos con cola y cuernos, y que en el cielo hay nubes y angelitos desnudos y regordetes que se pasan el día tocando arpas. Así de ridículo me parece a mí, pero me he dado cuenta que para los demás no lo es tanto. Sí hay gente (mucha, tristemente) que de hecho piensa que los católicos juzgamos a los demás y que vamos por la vida con aires de superioridad, creyéndonos los dueños de la verdad y del bien. Sí hay quienes piensan que la Iglesia "impone" una serie de reglas y su forma de pensar a los demás, y que amenaza con las desgracias del infierno a quienes no la siguen. 

Realmente me pregunto, ¿los que dicen estas cosas se habrán tomado la molestia de escuchar alguno de los discursos del papa? Es un señor que se dedica a hablar del amor y la misericordia de Dios, que no deja de repetir que todos somos dignos de la salvación y que debemos imitar a Jesús, es decir, que debemos ser buenos, coherentes, perdonar a los demás, tratarlos bien y no juzgarlos. No hay mayor ejemplo en la historia de alguien que supo perdonar y no juzgar con dureza a los demás que Cristo. No hay otra institución, al menos no que yo conozca, tan abierta e incluyente como la Iglesia católica. 

Me parece ridículo que se nos acuse de tanta cerrazón y fanatismo. Sí hay fanáticos, pero no sólo en la Iglesia, y no somos la mayoría. El fanatismo es malo en cualquiera de sus formas. El fanático no tiene un conocimiento profundo de lo que cree y carece de espíritu crítico. La crítica que engloba a la Iglesia en su conjunto y que la ataca como un todo sólo porque en ella se han dado casos de individuos incoherentes, también tiene tintes de fanatismo. 

La violencia es resultado de la ignorancia. Para criticar a la Iglesia, hay que conocerla primero. La verdadera religión católica no es nada de esto. Si alguien juzga y maltrata a otra persona en nombre de Dios y de la Iglesia, en realidad no se está comportando conforme al verdadero catolicismo. 

El cristiano tiene la responsabilidad de transmitir lo que él cree como verdadero. A eso es a lo que le llamamos evangelización. Por eso los católicos no podemos permanecer indiferentes ante la realidad; tenemos forzosamente que tomar un partido. Por eso no apoyamos la homosexualidad, ni el aborto, por ejemplo, pero esto no quiere decir que tengamos el derecho a juzgar a un homosexual o a una muchacha que abortó. Al contrario, tenemos la obligación de respetar a los demás, de tratarlos con dignidad y ayudarlos en la medida de nuestras posibilidades. Nuestra obligación como cristianos es decir que no estamos de acuerdo ni apoyamos este tipo de cosas porque son caminos que no llevan a la felicidad, porque son elecciones que hacen daño a las personas que las toman. Pero nada más. Decir que la homosexualidad no es el camino para la felicidad no es lo mismo que ser homofóbico. No ser "pro gay" no es lo mismo que rechazar a una persona homosexual, maltratarla o hacerla sentir mal. 

Me hierve la sangre cada vez que veo o me entero de maltratos e injusticias cometidas por católicos en nombre de su fe, y me entristece que los demás, al ver estas actitudes, reduzcan a eso toda una institución, a toda una creencia y una forma de vida. Mi religión es mucho más profunda y hermosa. Mi Dios es el Dios del amor, no del odio y del desprecio. 

El Dios en el que creo es justo, porque es la Verdad, pero también es misericordioso, porque es el Amor. Y me pide que trate de imitarlo, es decir, me pide que sea coherente, que no me quede callada y diga la verdad, pero también me pide que no juzgue a los demás, me pide que sea comprensiva, que perdone. 

Muchas personas me preguntan cómo puedo creer en este Dios y seguir creyendo en una institución como la Iglesia, que ha hecho tanto mal en su nombre. Y yo contesto: de la misma forma que sigo creyendo en mis amigos cuando cometen un error o cuando hacen algo que no está bien. Mi Dios no me pide que sea perfecta y que jamás me equivoque, pero sí me pide ser humilde y rectificar cada vez que me dé cuenta de que hice algo mal. Si yo misma soy incoherente a veces, ¿con qué derecho voy yo a decir que alguien es digno o indigno de Dios? ¿Con qué derecho voy yo a juzgar a toda la Iglesia por sus errores? Eso no nos toca a nosotros. 

Me he dado cuenta de que los católicos somos realmente incómodos. Y no podemos ser cómodos para la sociedad porque tenemos la exigencia de ser coherentes con la verdad. Pero para ser coherentes con algo, primero tenemos que conocerlo. Ser incómodo no es lo mismo que ser violento. La violencia surge de la inseguridad, pues el que recurre a la violencia en el fondo no está seguro de lo que dice creer. Si queremos terminar con la violencia y los ataques que recibimos como Iglesia, tenemos que empezar por nosotros mismos y ponernos a estudiar y a hacer vida nuestra fe. Es la única manera. 




Wednesday, October 19, 2011

Mi nueva vieja camiseta

"Uno pensaría que en un seminario las cosas son diferentes, que todos nos tratamos como hermanos, pero la verdad es que no es así".

"Los muchachos vienen porque sienten la vocación, pero no quieren estudiar, no les interesa la filosofía."

"Aquí hay gente de muchos lados, y pues no todos se llevan los unos con los otros. Hay muchas rivalidades."

"No sé si es porque no he estudiado en otro lado, pero siento que éste no es un ambiente universitario."


Podría llenar un post completo con todas las frases derrotistas y negativas que he escuchado estos últimos tres meses. Desde que llegué a dar clases al seminario, absolutamente todos, desde el director de la facultad, los alumnos y demás profesores, no han dejado de quejarse de lo mal que están las cosas. Y lo que es peor: todos culpan al otro. Nadie hace nada por mejorar el ambiente, sino que se tiran entre todos.

Cuando entré a dar clases me invitaron a la primera asamblea de profesores del año (a la fecha sigo esperando la "segunda"). Ingenuamente, pensé que ahí iba a conocer a todos los demás. Si fuimos cinco, éramos muchos. El director de la facultad nos pidió nuestro apoyo y participación en las actividades del instituto, que impulsáramos a los jóvenes en los estudios filosóficos, que les mostráramos la importancia de los mismos para la teología... Nos pasaron un calendario con las actividades del semestre. Todos asentían y comentaban que teníamos que fomentar el estudio y la unión, empezando por los mismos profesores, etc. Fue una reunión que me hizo sentir responsable y que me dio ánimos. Quise ponerme la camiseta, pertenecer a esta nueva institución e impulsarla, y me sentí a gusto al pensar que había más que pensaban como yo.

Eso fue en agosto. Acaba de ser el Día del ISEE, es decir, el día especial en el que se celebra el aniversario del instituto. Se nos había pedido a todos los profesores que asistiéramos y que participáramos en las actividades con los estudiantes. Ese día se me complicaba, pero no me importó, dejé todo para estar, pues me había comprometido desde que acepté el trabajo. Llegué a la misa en la capilla y me sorprendió darme cuenta de que yo era la única de los profesores de filosofía. Bueno no, también estaba la de italiano, pero se fue temprano.

Pasé toda la mañana con los estudiantes. Me sentía como el frijolito en el arroz; un puntito rosa mexicano (el color de mi suéter) en medio de sotanas y sacos negros. Fui al concierto, a la presentación de la sociedad de alumnos, a los torneos de básket y fútbol, comí con ellos, canté y aplaudí cuando llegaron los mariachis... y todos me preguntaban con sorpresa cuando me veían: "¿se va a quedar a todo, profesora?".

Ayer en la mañana me llamó muy preocupado el director de la facultad para preguntarme por qué había ido al instituto. "¿Necesitaba algo?", me preguntó con su acento italiano. "No, fue el Día del ISEE", contesté desconcertada. "¡Ah, es verdad!", dijo el director. "Es que yo no la vi ahí, como yo no fui...". Francamente, no supe qué contestar.

Me pregunto si se darán cuenta de que el "ambiente" del que tanto se quejan todos lo están haciendo ellos solitos. El día de la celebración, después del concierto, uno de los miembros de la sociedad de alumnos se acercó con los músicos a regalarles el Anuario Filosófico del ISEE, un libro con artículos de filosofía hecho por profesores, alumnos y ponentes externos. Uno de mis alumnos, sentado a mi lado, se tapó la cara con vergüenza y se empezó a burlar de la situación. Yo me volteé, lo miré molesta y le dije:

-¿Por qué te da vergüenza?, es lo que ustedes hacen.

Él me vio extrañado y me dijo:

-Porque es muy aburrido, hasta a mí me da flojera leerlo.

-¡Pero es lo que ustedes hacen! Ellos hacen música y se las comparten; ustedes hacen filosofía y teología, lo más lógico es que la compartan también.

Se quedó en silencio unos momentos y luego me dijo:

-He notado que tienes opiniones muy positivas y muy firmes al respecto de muchas cosas.

-¿Y eso qué tiene?

-Pues que es muy raro, no es lo común. Si sabes eso, ¿no?

No pude evitar sonreír.

-Pues precisamente aquí no debería ser raro.

Él se rió.

-No me vengas con eso- se quejó. -Los seminaristas somos humanos también.

-Y precisamente por eso están llamados a algo más.

Después de eso se quedó callado un rato. No volvió a burlarse de nada.


Causé conmoción ese día sin saberlo. Hasta el final capté lo extrañados y sorprendidos que estaban todos por el hecho de que me había quedado. También debo reconocer que los muchachos de la sociedad de alumnos se pusieron mucho las pilas. Se nota que ellos también quieren cambiar la situación. Cuando llegaron los mariachis, escuché a un alumno decir: "este es el mejor Día del ISEE en el que he estado".

Alguna vez un amigo escribió en un post que las instituciones no pueden esperar que su gente quiera ponerse su camiseta si se les da una que está sucia y fea. Es curioso, pero yo estoy enamorada de esta vieja camiseta, medio sucia y raída. No me asusta esta mugre, porque sé que en el fondo a los demás tampoco, y que se la quieren limpiar. Quiero usar mi vieja camiseta, y por eso intento lavarla y remendarla. Espero, algún día, lucirla con sus colores originales.






Friday, April 22, 2011

Sobre el sufrimiento


"No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices, quiere que seamos capaces de amar y de ser amados, quiere que maduremos, y yo sugiero que precisamente porque Dios nos ama nos concedió el don de sufrir; o por decirlo de otro modo: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos; porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre, los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen más perfectos."
Clive Staples Lewis


Cuando no era católica criticaba mucho la noción cristiana del sufrimiento, porque no la entendía. Hoy esa misma crítica ciega me llega desde muchos lados y, aunque la comprendo porque yo también la viví, cada vez me parece más lejana.

La diferencia es sutil y a la vez profunda. Los católicos no queremos sufrir ni lo buscamos. Sencillamente lo aceptamos y le damos un sentido. Es inevitable sufrir; es imposible no hacerlo, porque no es algo que dependa de nosotros (a menos de que nos aisláramos completamente del mundo, de todo deseo y de toda persona). Por eso, nuestra salida es enfrentarlo. No nos cerramos a él, sino que lo sentimos para superarlo, pues sabemos que hay algo más por lo que vale la pena sufrir: el amor.

El amor implica sufrimiento, porque para amar y ser amado es necesario estar abiertos, y al abrirnos nos exponemos a ser lastimados, a sufrir. Sin embargo, el sufrimiento se vuelve irrelevante cuando se ama verdaderamente. Se siente, pero deja de doler tanto, porque uno no se queda en él; lo trasciende.

Es paradójico, pero entre más se huye del dolor, más se siente. Cuando estamos concentrados en evadirnos para no sufrir, es cuando más solos nos quedamos en el fondo.

El sufrimeinto es inevitable, pero podemos hacerlo pasajero, siempre y cuando no nos quedemos atrapados en él.

Tuesday, March 29, 2011

Cuando el tiempo va más lento


Me siento extrañamente aletargada, pues aunque mi mente inquieta no deja de pensar cosas, en la vida real los minutos pasan y el reloj no me dice gran cosa. Si el tiempo es la medida del movimiento, entonces mi tiempo va más lento. A veces tanto que se vuelve irrelevante. Paty llega con la bandeja de la comida o del desayuno, mi mamá con las inyecciones diarias, la noche con su paz y fresca calma... Esos son mis indicadores. Mido mi vida a través de los momentos en los que interrumpo mi trabajo o mi soledad para comer o para ser atendida por alguien.

Extrañamente, ya me estoy acostumbrando a esto. Me pregunto si mi vida regresará a como era antes en cuanto el doctor me dé de alta. ¿Estos días de resignamiento a la inmovilidad no repercutirán en algo en mí, en mi forma de ser y de vivir? ¿Será tan sólo uno de esos períodos que pasan por la vida de alguien sin representar una importancia notoria?

Podría ser, pero si fuera así entonces no estaría escribiendo sobre esto. Las experiencias nos cambian cuando decidimos hacerlas relevantes en nuestra vida. Y al parecer estos diez días en cama son parte de cuatro años de enfermedad que me han hecho replantear y pensar mucho lo que quiero hacer con mi vida.

Thursday, March 17, 2011

Cuando la materia y el espíritu se encuentran



Me siento extrañamente etérea, tibia, pensativa, lejana...

No sabría decir si es un estado de placidez, sopor, comodidad o mera indiferencia.

No... no puede ser indiferencia, pues me gusta estar aquí, envuelta en esta efímera tranquilidad.

Es un estado de ánimo que podría describir como "suavidad de espíritu", como si al alma se le pudiera acariciar como a un gatito acurrucado en el regazo.

Sunday, December 05, 2010

Caminos de papel




Sería bonito que hubiera un caminito trazado en la tierra, en el aire, en el mar... incluso en la propia piel. Un caminito reconocible por sus colores y su brillo, que pudiéramos encontrarlo siempre y no perdernos nunca...

Sería bonito, pero no es. Sólo hay lienzos en blanco y los caminitos los dibujamos con las tintas y colores que encontramos por la vida. No hay caminos inconclusos, todos llevan hacia alguna parte. Tampoco hay dos iguales. Y todos los que ya trazaron hermosos caminos llenos de curvas, montañas y profundidades, nos llaman a seguir el de ellos. Lo he intentado con un par, pero la verdad es que nunca podré llegar al final. Son caminos hechos para verse, para disfrutarse como una película o un libro en una lluviosa tarde de encierro. Incluso para pensarse y para tomar nuevos colores y texturas. Pero no para seguirse, porque los caminos se trazan. Siempre se trazan...

Saturday, October 02, 2010

Un ejemplo a seguir

Paty nos cayó del cielo. Cuando todos habíamos perdido la esperanza de tener un hogar tranquilo y amable para vivir, llegó ella con su sonrisa tímida y sus ojos chispeantes. Es una mujer joven y sencilla. Siempre tiene su cabello negro atado en una cola de caballo, sus uñas cortas y limpias y le gusta vestirse con jeans y tennis para trabajar. Mi mamá la contrató después de una muy mala experiencia con Lucía, nuestra muchacha anterior. Lucía y mi mamá nunca se entendieron. A mí tampoco me era del todo agradable, pues era muy callada, arisca y tenía una mirada fea. Siempre he pensado que el alma de las personas se refleja en sus ojos, y los de Lucía eran terriblemente opacos y desconfiados. En cambio los de Paty son brillantes, limpios y sinceros, por lo que me dan la impresión de que es una persona honesta y que puedo confiar en ella.

Me cayó bien desde el principio. Al entrevistarla por teléfono, le dijo una frase a mi mamá que me gustó mucho: “Señora, sé que no soy perfecta y que cometo errores, así es que le pido que por favor me diga cuando algo no le guste para cambiarlo.” Es una actitud preciosa, pues es muy rara hoy en día. Por lo general, a la gente no le gusta que la corrijan y prefieren tapar sus errores que aprender de ellos.

Además de humilde, Paty demostró ser trabajadora y de mente inquieta. Le gusta mucho aprender cosas nuevas y perfeccionar lo que hace. En especial, le encanta cocinar y siempre está buscando aprender recetas nuevas. Puede parecer una nimiedad, pero es impresionante cómo nos mejoró el humor a todos en mi familia desde que podemos llegar a una casa limpia a comer rico y variado. Y es que una sopa de fideos grasosa e insípida puede amargarle el día a cualquiera.

Todos hemos aprendido a querer a Paty y a reconocer la gran ayuda que nos da, pero en especial yo le he tomado un cariño particular. Como ahora paso la mayor parte de mi tiempo en la casa, he tenido la oportunidad de convivir con ella y de conocerla. En las ocasiones en las que como yo sola en la casa, le gusta platicarme cosas de su vida mientras lava los trastes y limpia la cocina. Yo, por mi parte, agradezco la compañía y disfruto escuchándola. Ha tenido una vida realmente interesante. Es una niña de pueblo, hija de una madre religiosa y extraordinariamente conservadora (casi puritana), y de un padre ex-alcohólico converso al cristianismo. Tiene tres hermanos varones, dos de ellos militares, y un hijo que está por cumplir cuatro años: el pequeño Orlando. Curiosamente fue ella la que dejó al papá del niño, pues se dio cuenta de que era un hombre que no la amaba y que no la entendía.

“La gente aquí en la ciudad es más abierta, pero en mi pueblo piensan diferente”, me dice a veces. “Allá no entienden por qué decidí trabajar y mantenerme yo en lugar de casarme con el papá de Orlando. Mi mamá me dice que este es el destino que me tocó vivir y que debería conformarme con lo que tengo, pero es que yo quiero hacer algo por mí misma y darle un futuro a mi hijo.”

Paty siempre quiso estudiar una carrera. Le gustaba mucho la escuela y era muy buena, pero tuvo que dejarla en la prepa, pues su papá tuvo un accidente y ya no pudo pagársela. Ella insiste en que quiere aprovechar que es joven (a penas tiene mi edad) y ahorrar dinero para poder mantener a su hijo y darle estudios. Tiene el sueño de abrir una pizzería en su pueblo y vivir de su trabajo. Le duele estar separada de su hijo y a veces se pregunta si algún día Orlando le va a recriminar que lo dejara con sus abuelos para irse a trabajar. Incluso una vez se le salieron unas cuantas lágrimas, pero las escondió por orgullo. Yo le insisto en que no sea tan dura con ella misma, pues su situación no es nada fácil y es bastante loable que quiera salir adelante contra viento y marea.

“¿Y nunca has pensado en conocer a alguien más y casarte?”, le pregunté alguna vez. Al principio me dijo que no, que ya había tenido suficiente de los hombres. Pero hace poco me confesó que aún no ha perdido la esperanza de encontrar a alguien que comparta su forma de pensar y que quiera construir algo en conjunto. Creo, por todo lo que me ha contado, que lo que más le molesta es que quieran cortarle las alas y obligarla a quedarse en su casa y ser mantenida por un esposo. Es una Éowyn, un espíritu guerrero que teme que la encierren en una jaula.

Admiro mucho a Paty y trato de ayudarla en lo que esté a mi alcance. Ya no la considero solamente una empleada, sino que la reconozco como una amiga. Agradezco tenerla con nosotros, pero espero sinceramente que algún día pueda abrir su pizzería e irse a su pueblo, a estar con su hijo y a disfrutar de una tranquilidad bien merecida.

Tuesday, August 31, 2010

Aunque aún sienta miedo




"El trabajo puesto en manos de Dios no es inútil".

Es una frase que escuché decir al padre en misa este domingo. Es algo muy sencillo, incluso aparentemente obvio para los creyentes. Sin embargo, en ese momento a mí me hizo un sentido terrible.

Después de trabajar tanto y de recibir tantas críticas y muestras de desconfianza y conmiseración (principalmente por parte de personas que me quieren y se preocupan por mí), uno comienza a dudar, a temer y a desanimarse. Es difícil emprender, pero no tanto por la dureza de las circunstancias ni por los sacrificios, sino por no poder saber a ciencia cierta si los esfuerzos tendrán realmente una recompensa o si al final resultarán inútiles. El miedo al fracaso es uno de los temores más corrosivos y recurrentes que he tenido que enfrentar, y en gran medida ha sido por decisión propia.

La única manera que he encontrado para matar ese miedo, es la fe. En este caso cito una frase que mienta a una fe religiosa: si creo en Dios y en la Providencia, entonces tengo la seguridad de que todo mi esfuerzo está siendo considerado por Él, aunque no tenga frutos visibles para mí. Es una idea consoladora y esperanzadora, pero no es el único modo de fe que sostiene empresas como las que he tomado. La fe en las personas, en mis amigos, en mi propia determinación... todo eso cuenta, todo eso es indispensable para seguir adelante.

Sinceramente esta frase que cité es lo único que recuerdo del sermón de aquel día, pues significó tanto para mí que dejé de prestarle atención a lo demás. Al escucharla entendí que con fe se puede todo. Suena trillado y tal vez exagerado, pero no estoy hablando de una fe cualquiera, pues si pretendo que mi fe pueda con "todo", entonces tiene que ser una fe omniabarcante. No sólo tener fe en Dios, sino también en todo lo demás, especialmente en mí.

"Las ataduras están sólo en tu cabeza", me dije a mí misma mientras rezaba ese día. Nada me detiene, más que mis propios miedos, mi angustia, mi cobardía, mi comodidad. Nada me detiene más que yo, y la fe también cura eso.

Por un breve instante sentí que tenía el mundo de posibilidades infinitas a mis pies. Por un instante sentí la plena certeza de que puedo hacer cualquier cosa, por más imposible que parezca. Fue un momento de gracia que, desafortunadamente, no sigue tan presente ni con tanta intensidad en mí. Pero la idea sigue existiendo en mi mente y sé que es verdad, aunque aún sienta miedo.

Thursday, August 05, 2010

Descubriendo a Kubrick




Un director con una cámara fotográfica es tan libre como un autor con una pluma.

-Stanley Kubrick


El arte es una de mis pasiones y me gusta en cualquiera de sus manifestaciones. Pero hay pocas expresiones artísticas que disfruto más que el cine, pues conjuga todos los elementos de las demás artes: lo visual, la música, el texto, la actuación... Y si, además, todos estos elementos están dirigidos por la mano de un genio como Kubrick, mi deleite es absoluto.

Curiosamente, aunque es un nombre que me suena mucho y he crecido escuchando los títulos de varias de sus películas, realmente conozco muy poco de él y, hasta hace poco, no me interesabe mucho. Quizás tenga que ver con que sus obras no son sencillas y requieren de un poco más de conocimiento, madurez y prudencia que en mi corta edad a penas estoy adquiriendo.

El punto es que hace unos días se me ocurrió la brillante idea de ponerme a esculcar en el cajón de las películas olvidadas de mi madre y encontré una (todavía envuelta en el plástico de Mixup y con todo el polvo que se puede acumular en un par de años) que llevaba el título de "Barry Lyndon" y el nombre de Stanley Kubrick impreso en la portada. Me emocioné por mi nuevo descubrimiento y le propuse a Zoon verla juntos.

Debo decir que es una verdadera obra de arte. Visualmente es impactante, la música es soberbia y la historia está narrada de un modo extraordinario. Me fascinó porque logra captar la enorme complejidad de una vida humana y plasmarla, de un modo interesante y divertido, en un par de horas. Y lo mejor de todo es que no pierde el elemento dramático en ningún momento. Es la primera película de Kubrick que veo en la que le reconozco su genialidad (claro, todavía me falta, jeje).

Quisiera compartirles alguna escena, pero la verdad es que la fotografía es tan hermosa que vale la pena verla en buena resolución (como dato cultural: la mayor parte de los escenarios al aire libre fueron grabados con unos filtros especiales para captar la luz natural y evitar la iluminación artificial y muchos de los paisajes están inspirados en cuadros del Romanticismo).

Mientras se animan a verla, les dejo una probadita de la música de la película: la "Sarabande" de Händel. Que la disfruten ;)

Wednesday, July 21, 2010

Acupuntura

Es curioso, pero a veces, cuando la migraña me da muy fuerte, me imagino como si tuviera una especie de gas corrosivo en mi cabeza y que con hacerle un pequeño hoyito, como de un alfiler, ese gas malvado se escaparía y dejaría de presionar mi cerebro. Me lo imagino así, deseando el alivio que tarda mucho más en llegar.

Sin embargo, la sensación que tuve ayer mientras me clavavan los alfileres en la cabeza, fue bastante similar. No hubo ningún gas malvado, por supuesto, pero al final del tratamiento me sentí un poquito más ligera, como si por los piquetitos se me hubiera escapado algo de tensión y estrés.

Aún no he aprendido del todo cómo funciona la acupuntura, pero la experiencia me pareció muy interesante, además de que fue toda una novedad cultural escuchar a personas hablando chino en vivo, jeje.

No es cierto que no se siente nada, efectivamente duele ligeramente cuando ponenen los alfileres, pero es muy leve, como pequeños piquetitos. Y luego, efectivamente, ya no se siente nada. De hecho, creo que me dolió más el masaje que me dio la doctora al final, que los piquetes. Me masajeaba la espalda, el cuello y la cabeza con una fuerza que no parecía caber en una mujer tan flaquita. Y cuando me quejé de que dolía, me dijo con su chistoso acento: "Mucho muy tenso." Y al final agregó: "Si mañana duele cuello, no pleocupe. Nolmal." ¡Y cómo no!, si me deshizo todos los nudos que traía.

Por el momento, la experiencia no me ha defraudado. Esperemos que sirva...

Monday, July 05, 2010

Conociéndome en Frida

Me he dado cuenta de que es una cuestión recurrente: cuando un autor, artista o personaje histórico capta mi atención, me obsesiono con él una buena temporada. Me pasó con Remedios Varo, con Virginia Woolf, con Tolkien, con Simone de Beauvoir, con Heidegger... y ahora con Frida Kahlo.

Supongo que identificarme en algún aspecto específico de sus vidas me hace interesarme por su historia y por lo que tienen que decirme. Finalmente, todos mis vagavundeos en vidas ajenas acaba diciéndome mucho sobre mí misma y sobre mi presente.

Con Frida fue un verdadero accidente. Nunca me han gustado sus pinturas y siempre he tenido un terrible prejuicio sobre su tormentosa persona. Jamás me interesó saber sobre ella porque creí que no había demasiado, la verdad. Incluso me desagradaba que fuera el icono que exportamos como país a otros lugares: todo el mundo la ubica como "la artista mexicana" y sus autorretratos aparecen en postales, bolsas, llaveros y toda clase de objetos que compran los turistas. Y ahora que lo pienso, creo que a ella tampoco le encantaría haberse convertido en eso.

Volviendo al tema, resulta que mi interés por Frida surgió por una casualidad: estaba buscando un video que no tenía nada que ver en youtube para publicar en Eudoxa, cuando me topé con la película completa de "Frida". Recordé que fue bastante criticada en su momento y y me dio curiosidad. La vi entera y me gustó bastante, pero a sabiendas de que Hollywood suele tergiversar todo en aras de su "estética", decidí investigar un poco más de la vida de Kahlo. Me he dedicado a ver sus obras, a entender qué significan, a ver sus fotos, a conocer su vida... Y ahora me encuentro leyendo su diario personal, alguna vez guardado celosamente y actualmente publicado y a la mano de cualquiera que pueda comprarlo (porque no está nada barato).

Varias cosas me han cautivado de ella y sospecho que voy a publicar más de un post con los temas que me han rondando últimamente en la cabeza por su culpa, pero hoy quiero compartirles uno en especial. En la dichosa película hay una escena en donde la joven Frida conoce a Diego Rivera. No sé si el diálogo sea ficticio o si esté basado en el hecho histórico, pero las palabras que le decía Diego a Frida me pegaron profundamente. Ella quería saber qué opinión tenía él de sus pinturas y Diego le contesta: "¿Para qué quieres saber mi opinión? Si eres pintora, lo eres, y no vas a dejar de pintar aunque yo te lo diga."

Me recordó a algo que me dijo mi mamá cuando a mis 12 ó 13 años le alegué que yo todavía no era una escritora: "¿Entonces qué eres, si te la pasas escribiendo todo el día?". El artista es artista no porque alguien más le de el título, sino porque se dedica a su arte. Yo soy escritora cuando escribo, no cuando me refiera a mí misma con ese nombre.

Así es que, ya basta de autoengaños, y a escribir.

Saturday, May 01, 2010

No soy niña y no soy aburrida

Con todo este rollo del día del niño he recibido una cantidad de felicitaciones y de mails cursis que incitan a los lectores a "nunca dejar de ser niños". Francamente, me parece un mal cliché.

Disfruté mucho mi infancia, me encantó ser niña, pero también disfruto muchísimo entrar en la adultez. Creo que el problema es que se ha identificado al adulto con un estereotipo chafa del amargado que ya no se ríe ni es capaz de divertirse, mientras que la figura del niño se ha idealizado. No es cierto que los niños sean más felices que los adultos. Es cierto que no tienen el mismo grado de responsabilidades y de trabajo, pero en la medida de su capacidad también tienen preocupaciones, sienten agobio y hartazgo. Los niños no viven siempre riendo en un mundo de colores; su entorno también tiene matices grises de vez en cuando.

La vida siempre es difícil y hermosa, y la vamos asumiendo conforme vamos madurando. Es cierto que ya no tengo tiempo para jugar a las barbies, pero tampoco me hace falta. Ahora puedo reír de cosas que de niña no entendía y, aunque me agobian mi tesis y mi trabajo, ya no me agobia tener que hacer mi tarea de español o juntar el mismo número de estampitas que mis amigas.

Alguna vez, hace tiempo, cuando mi mamá me dijo que extrañaba ser niña porque todo era más fácil, recuerdo haberle dicho que yo no, pues de pequeña las cosas que ahora me parecen fáciles en ese entonces no lo eran.

Agradezco sinceramente poder experimentar cada etapa. Disfruto mucho cada momento de mi vida y también reconozco que siempre va a haber que luchar contra los problemas, sean de la magnitud que sean. Me gusta recordar mi infancia y tengo una enorme cantidad de recuerdos de cuando era más pequena, pero me gusta ser adulto y poder hacer más cosas y abrir múltiples horizontes.

No se conformen con mantener un "alma de niño". Vayan más allá y siempre manténganse hambrientos de experiencias y madurez. La vida es divertida y crecer también.