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Tuesday, January 13, 2015

Escribirle a Dios

"Creo que he alcanzado, si no cierta sabiduría, quizá cierto sentido común. Me considero un escritor. ¿Qué significa para mí ser escritor? Significa simplemente ser fiel a mi imaginación. Cuando escribo algo no me lo planteo como objetivamente verdadero (lo puramente objetivo es una trama de circunstancias y accidentes), sino como verdadero porque es fiel a algo más profundo. Cuando escribo un relato, lo escribo porque creo en él: no como uno cree en algo meramente histórico, sino, más bien, como uno cree en un sueño o en una idea."
-Jorge Luis Borges

Estas vacaciones he vuelto a escribir mucho. No en blogs, sino en mis diarios personales. "Diarios" en plural, porque, por alguna razón, nunca he podido tener nada más uno. Tengo diferentes cuadernos de diferentes estilos y escribo en ellos según se me antoja. Hay días en los que siento ganas de escribir en hoja blanca con pluma fuente; hay días en los que me expreso mejor en las líneas con un poco de tinta china; y hay días en los que el papel reciclado y un simple bolígrafo son lo más adecuado. Supongo que depende del ánimo y de cierto placer físico que se obtiene al escribir sobre y con materiales diferentes.

He notado que últimamente mis escritos parecen más oraciones que reflexiones personales: estoy dialogando con Dios en mis cuadernos. Desde que lo hice por primera vez, me volví adicta a esta forma de usar mis letras. Ya no me gusta escribir sin un interlocutor, y Dios es muy bueno para escuchar mis desvaríos. Incluso a veces me contesta a través de mi propia pluma.

Originalmente no fue un ejercicio consciente, pero ahora se está volviendo una costumbre, esto de rezar por escrito. Le encuentro muchos beneficios. Uno de ellos, es que me ayuda a confiar en la providencia. Cuando leo diarios viejos, en los que cuento mis problemas e incertidumbres de hace algunos meses, me doy cuenta de que las cosas terminaron por solucionarse mucho más rápido y fácil de lo que pensaba en su momento. Escribirle a Dios me abre mucho, también. Me he vuelto muy sincera con mis letras. Como dice el buen Borges, ya no escribo para reproducir hechos nada más, sino principalmente para ser fiel a la verdad, para ser fiel a lo que creo.

Otra de las bondades de este ejercicio, y quizás la que más disfruto, es que me ayuda a recordar que Dios es persona. Dedicarle mis letras -y recibir sus respuestas por escrito- me ayuda a profundizar en mi relación con él y a evitar la tentación de pensarlo como un ente abstracto y alejado de mi vida cotidiana. Me siento acompañada, escuchada, comprendida... amada. 

La única desventaja que le encuentro a esto es que ahora se me está complicando rezar de otras formas, sobre todo con oraciones "hechas", como el Padrenuestro. Las digo, pero no las siento ni pienso demasiado. A lo mejor si las escribo podrían volver a significar algo. Habrá que hacer el experimento. 

Monday, May 12, 2014

Cuando el amor se confunde con la obsesión



Por lo general no me enojan tanto los ataques de personas que no comparten mi fe ni comprenden mi religión, porque entiendo que sus críticas muchas veces son resultado de ignorancia (o de malas experiencias con católicos incoherentes, que viene a ser lo mismo). Lo que sí no puedo tolerar es el ataque frontal y negativo a la institución de la Iglesia (entendida en toda la extensión de la palabra, para quien entienda) por parte de personas que están dentro de la misma, que conocen la fe y dicen vivir conforme a las enseñanzas de Cristo. 

La crítica es crítica, nada más. La denuncia no cambia al mundo: ciertamente hay que tener la valentía de apuntar los problemas, pero eso es nada más el primer pasito. Es verdaderamente valiente el que se atreve a ver lo bueno del mundo y a tratar de transmitirlo, el que no se queda en la denuncia, el que sabe ver más allá. 

El santo es el que se vuelve transparente para que la luz de Cristo ilumine a los que lo rodean, no el que se dedica a ensombrecer la vida y la fe de los demás. "Pobre de aquél que escandalice el alma de un inocente", dijo nuestro Señor a Sor Faustina. Y sí, pobre de él, porque se pierde la parte más hermosa de ser católico. 

Friday, April 11, 2014

Aunque me rompa




Sabes -en el fondo lo sabes- que no te pide que seas feliz, al menos no así. Él no es simplote y miope como tú, Emilia. Él sabe, mejor que nadie, lo que es sufrir carencia, lo que es vivir abusos, lo que es sentir profunda y dolorosa pérdida. Él lo ha vivido en carne propia (literalmente carne). 

Él no te pide que seas feliz, porque sabe que no puedes, no tienes la capacidad y este mundo tampoco puede dártela: ambos, tú y el mundo, están rotos.

Lo único que te pide es que lo dejes actuar en ti, porque Él sí puede llenarte, Él sí puede curar esas horribles cicatrices que amenazan con podrir tu alma. El problema es que abrirte para recibirlo te va a doler, mucho más que las carencias, mucho más que las pérdidas y las decepciones. Estos males se te antojan como amigables refugios contra el dolor de la apertura, porque te permiten ser víctima, porque así puedes recibir la lástima, las palmaditas y la admiración de los demás. 

Para abrirte vas a tener que dejar que te termine de romper; vas a sentir cómo te abre y te abre hasta que ya no puedas más, hasta que pienses que te vas a morir del dolor. Tu misión es permanecer firme y confiar en Él, aunque esté permitiendo que sufras así.

Al final de esa ruptura, te vas a dar cuenta de que necesitabas quebrarte así, necesitabas romper las escamas laceradas y escarpadas para renacer en tu piel de mujer.

Ya lo has vivido, Emilia, por eso sabes que es así, te consta. Sin embargo, tienes miedo, porque te acuerdas lo difícil que fue. Estás enojada, pues no entiendes por qué tienes que pasar otra vez por lo mismo. Mientes: sí lo entiendes, es sólo que te está costando trabajo aceptarlo. Sabes que mientras vivas, estarás sometida a esta prueba, una y otra vez. Y eso no es Su culpa, Él no quisiera que sufrieras (Él no quiso sufrir y morir así), pero sabe que es la única manera de salvarte, y te ama, te ama tanto...

Daría todo, hasta la última gota de su sangre, hasta el último aliento de su cuerpo y aún hasta lo más sagrado de su alma para evitarte este dolor. Y lo hace. 

No te pide nada: te lo da todo. Lo único que tienes que hacer es aceptarlo.

Guarda silencio en tu alma, aleja el ruido de los lamentos y de los miedos para que puedas escucharlo.


Preparo mi corazón para ti, Señor. Está estrujado y duro como piedra, y yo no lo puedo abrir. Te lo ofrezco así de feo como está, aunque me dé un poco de vergüenza, porque sé que Tú puedes hacerlo digno de Ti. Ábreme, aunque me duela; ábreme, aunque me deshaga en el proceso.





Wednesday, March 05, 2014

El hombre es un ser para la [resurección]

"Los hombres podemos tener y de hecho tenemos dudas; pero más allá de las dudas y aun en las dudas mismas se abren las vías del conocimiento: conocimiento del mundo, conocimiento del hombre, conocimiento, sobre todo, de la presencia de Dios a través del hombre y del mundo." 
Ramón Xirau




Thursday, February 06, 2014

Eres morada, y Dios te habita



Sé que la distancia es en parte por la vida y en parte provocada. Sé, también, que nos hace falta y por eso la agradezco. Sé que el tiempo y el amor curan lo incurable. Sé que las personas cambian, y los caminos también. 

Sé todo esto porque tengo esperanza, porque -a pesar de lo complicado que pueda ser- nunca voy a dejar de creer Ti. 

Nunca.

Saturday, January 18, 2014

God's palace


"Imagine yourself as a living house. God comes in to rebuild that house. At first, perhaps, you can understand what He is doing. He is getting the drains right and stopping the leaks int he roof and so on; you knew that those jobs needed doing and so you are not surprised. But presently He starts knocking the house about in a way that hurts abominably and does not seem to make any sense. What on earth is He up to? The explanation is that He is building a quite different house from the one you thought of -throwing out a new wing here, putting on an extra floor there, running un towers, making courtyards. You thought you were being made into a decent little cottage: but He is building a palace. He intends to come and live in it Himself." 
- C.S. Lewis

Entiendo -desde hace tiempo lo hice- que la vida no puede ser absolutamente pacífica. Puede haber momentos de paz, eso es cierto, puede haber temporadas de tranquilidad, pero hay que tomarlas como lo que son: períodos de descanso y de recuperación de nuevas fuerzas, pues la lucha continúa y tenemos que estar preparados.

Una visión así de la vida, como una guerra constante, puede sonar terrible y deprimente, pero no es así, al menos no como yo la entiendo. Una vez que acepté que el dolor no es algo de lo que tenga que huir desesperadamente, sino que es algo que puedo aceptar como consecuencia de la guerra/demolición, se volvió más soportable. Porque entonces entendí que la guerra va a tener un fin y tenemos la victoria asegurada. Después de la demolición habrá un espléndido palacio lleno de Dios: la paz de hecho vendrá, lo único que tenemos que hacer es aprender a esperarla con fortaleza, confianza y humildad. Y en esa misma esperanza de la paz, ya hay algo de anticipación de la misma. 

Así aprendí que en la misma experiencia del dolor se encierra la experiencia de la paz. Por eso puedo sentir que el alma se me parte con la ausencia de mis niños, y al mismo tiempo llenarme de una profunda y tranquila alegría al saber que son felices y plenos, y de que sólo tengo que esperar para volver a verlos. 

[Y en esa esperanza hay algo de anticipación...]

El bien de poder saberlos y sentirlos bien es infinitamente superior al mal de su ausencia corpórea. No es que no duela -duele como ningún otro dolor que haya experimentado en mi vida-, pero ese "doler" se vuelve poco importante.

Suena a cliché y no puede sonar de otra manera, porque las palabras no bastan para describir sensaciones tan fuertes, pero es la verdad. Puedo ser feliz en esta vida porque aprendí a aceptar y a enfrentar su dolor. No sé qué clase de palacio está construyendo nuestro Señor conmigo, pero confío en Él y sé que cuando termine va a ser algo que jamás me imaginé que pudiera existir; y me va a encantar. 







Friday, May 18, 2012

Estudiar para ser incómodos

Llevo tanto tiempo estudiando y tratando de entender a profundidad mi religión que se me olvida que la mayoría de la gente, incluso los que se llaman a sí mismo católicos, tienen una noción muy distinta de lo que realmente significa ser cristiano.

Particularmente me llama la atención esa idea, aparentemente generalizada, de que la Iglesia católica se dedica a juzgar a los demás. Como si fuera una especie de "big brother" que decide quién es bueno y quién es malo, y que tiene una enorme lista de reglas morales que hay que seguir para ser parte del club.

Es una visión tan exagerada y tan trunca... Es tan infantil como decir que los católicos pensamos que de hecho hay un infierno lleno de fuego y diablitos rojos con cola y cuernos, y que en el cielo hay nubes y angelitos desnudos y regordetes que se pasan el día tocando arpas. Así de ridículo me parece a mí, pero me he dado cuenta que para los demás no lo es tanto. Sí hay gente (mucha, tristemente) que de hecho piensa que los católicos juzgamos a los demás y que vamos por la vida con aires de superioridad, creyéndonos los dueños de la verdad y del bien. Sí hay quienes piensan que la Iglesia "impone" una serie de reglas y su forma de pensar a los demás, y que amenaza con las desgracias del infierno a quienes no la siguen. 

Realmente me pregunto, ¿los que dicen estas cosas se habrán tomado la molestia de escuchar alguno de los discursos del papa? Es un señor que se dedica a hablar del amor y la misericordia de Dios, que no deja de repetir que todos somos dignos de la salvación y que debemos imitar a Jesús, es decir, que debemos ser buenos, coherentes, perdonar a los demás, tratarlos bien y no juzgarlos. No hay mayor ejemplo en la historia de alguien que supo perdonar y no juzgar con dureza a los demás que Cristo. No hay otra institución, al menos no que yo conozca, tan abierta e incluyente como la Iglesia católica. 

Me parece ridículo que se nos acuse de tanta cerrazón y fanatismo. Sí hay fanáticos, pero no sólo en la Iglesia, y no somos la mayoría. El fanatismo es malo en cualquiera de sus formas. El fanático no tiene un conocimiento profundo de lo que cree y carece de espíritu crítico. La crítica que engloba a la Iglesia en su conjunto y que la ataca como un todo sólo porque en ella se han dado casos de individuos incoherentes, también tiene tintes de fanatismo. 

La violencia es resultado de la ignorancia. Para criticar a la Iglesia, hay que conocerla primero. La verdadera religión católica no es nada de esto. Si alguien juzga y maltrata a otra persona en nombre de Dios y de la Iglesia, en realidad no se está comportando conforme al verdadero catolicismo. 

El cristiano tiene la responsabilidad de transmitir lo que él cree como verdadero. A eso es a lo que le llamamos evangelización. Por eso los católicos no podemos permanecer indiferentes ante la realidad; tenemos forzosamente que tomar un partido. Por eso no apoyamos la homosexualidad, ni el aborto, por ejemplo, pero esto no quiere decir que tengamos el derecho a juzgar a un homosexual o a una muchacha que abortó. Al contrario, tenemos la obligación de respetar a los demás, de tratarlos con dignidad y ayudarlos en la medida de nuestras posibilidades. Nuestra obligación como cristianos es decir que no estamos de acuerdo ni apoyamos este tipo de cosas porque son caminos que no llevan a la felicidad, porque son elecciones que hacen daño a las personas que las toman. Pero nada más. Decir que la homosexualidad no es el camino para la felicidad no es lo mismo que ser homofóbico. No ser "pro gay" no es lo mismo que rechazar a una persona homosexual, maltratarla o hacerla sentir mal. 

Me hierve la sangre cada vez que veo o me entero de maltratos e injusticias cometidas por católicos en nombre de su fe, y me entristece que los demás, al ver estas actitudes, reduzcan a eso toda una institución, a toda una creencia y una forma de vida. Mi religión es mucho más profunda y hermosa. Mi Dios es el Dios del amor, no del odio y del desprecio. 

El Dios en el que creo es justo, porque es la Verdad, pero también es misericordioso, porque es el Amor. Y me pide que trate de imitarlo, es decir, me pide que sea coherente, que no me quede callada y diga la verdad, pero también me pide que no juzgue a los demás, me pide que sea comprensiva, que perdone. 

Muchas personas me preguntan cómo puedo creer en este Dios y seguir creyendo en una institución como la Iglesia, que ha hecho tanto mal en su nombre. Y yo contesto: de la misma forma que sigo creyendo en mis amigos cuando cometen un error o cuando hacen algo que no está bien. Mi Dios no me pide que sea perfecta y que jamás me equivoque, pero sí me pide ser humilde y rectificar cada vez que me dé cuenta de que hice algo mal. Si yo misma soy incoherente a veces, ¿con qué derecho voy yo a decir que alguien es digno o indigno de Dios? ¿Con qué derecho voy yo a juzgar a toda la Iglesia por sus errores? Eso no nos toca a nosotros. 

Me he dado cuenta de que los católicos somos realmente incómodos. Y no podemos ser cómodos para la sociedad porque tenemos la exigencia de ser coherentes con la verdad. Pero para ser coherentes con algo, primero tenemos que conocerlo. Ser incómodo no es lo mismo que ser violento. La violencia surge de la inseguridad, pues el que recurre a la violencia en el fondo no está seguro de lo que dice creer. Si queremos terminar con la violencia y los ataques que recibimos como Iglesia, tenemos que empezar por nosotros mismos y ponernos a estudiar y a hacer vida nuestra fe. Es la única manera. 




Wednesday, February 22, 2012

Moscas a las heridas



"Dios envía moscas a las heridas que Él debería curar", dice una frase de la película El árbol de la vida de Terrence Malick. No sé si es un pasaje de la Biblia, algún dicho popular o simplemente un invento del propio Malick; la verdad es que nunca la había escuchado, pero me caló profundamente.

Si hay algo que he aprendido desde mi conversión, es que Dios suele guardar silencio en los momentos de mayor obscuridad. Cuando más nos sentimos perdidos, cuando más lo necesitamos, Él no parece estar presente. Y es curioso que precisamente en esos momentos de desesperación, cuando parece que rezar no sirve de nada, es cuando se nos brinda la oportunidad de fortalecer nuestra fe. La esperanza que siente el hombre que se ahoga en el fondo del pozo es más tangible que la del que disfruta de la tranquilidad de la naturaleza. Y es que el hombre está llamado a algo más que la simple naturaleza.

Hace unos días vi la película From the sky down, un documental sobre cómo se formó el álbum Achtung Baby de U2 (está genial, si pueden, véanla). Una parte de la película me hizo pensar mucho en el valor de la espera, cuando los integrantes de esta famosa banda de rock cuentan cómo ninguno se sentía bien consigo mismo ni con el resto del grupo. Todos estaban hartos, cansados y no veían cómo salir de su desesperación. La única opción aparentemente viable era separarse. Se juntaron una última vez para grabar un disco de despedida, pero ni siquiera ese último intento les salía bien. Pasaron mucho tiempo sufriendo ese hartazgo y esa depresión. Ellos mismos describen ese período como "una larga y fría existencia".

Sin embargo, esperaron, y lograron salir de ese momento depresivo y continuar con su trabajo y con sus vidas. Y pudieron hacerlo, no porque Dios les contestara (porque seguramente lo necesitaron con desesperación en esos días), ni tampoco porque se auto-motivaran y encontraran el optimismo luchando por alcanzarlo. Simplemente supieron esperar. Tuvieron la esperanza de que las cosas iban a mejorar, aunque no sabían cuándo ni cómo.

No sé si ellos interpretarían su vivencia desde esta perspectiva, pero a mí en lo personal me hace mucho sentido. Hay ocasiones en las que la salvación no depende de las fuerzas de uno mismo para actuar: basta con esperar y estar abiertos al cambio. Con esa simple apertura se puede cambiar todo, incluso cuando las moscas acuden a las heridas.


Monday, October 31, 2011

Tree of Life



"There were two ways through life – the way of nature and the way of grace. You have to choose which one you’ll follow. Grace doesn’t try to please itself. Accepts being slighted, forgotten, disliked. Accepts insults and injuries. Nature only wants to please itself. Get others to please it too. Likes to lord it over them. To have its own way. It finds reasons to be unhappy when all the world is shining around it. And love is smiling through all things."

Terrence Malick, The Tree of Life

Tuesday, August 31, 2010

Aunque aún sienta miedo




"El trabajo puesto en manos de Dios no es inútil".

Es una frase que escuché decir al padre en misa este domingo. Es algo muy sencillo, incluso aparentemente obvio para los creyentes. Sin embargo, en ese momento a mí me hizo un sentido terrible.

Después de trabajar tanto y de recibir tantas críticas y muestras de desconfianza y conmiseración (principalmente por parte de personas que me quieren y se preocupan por mí), uno comienza a dudar, a temer y a desanimarse. Es difícil emprender, pero no tanto por la dureza de las circunstancias ni por los sacrificios, sino por no poder saber a ciencia cierta si los esfuerzos tendrán realmente una recompensa o si al final resultarán inútiles. El miedo al fracaso es uno de los temores más corrosivos y recurrentes que he tenido que enfrentar, y en gran medida ha sido por decisión propia.

La única manera que he encontrado para matar ese miedo, es la fe. En este caso cito una frase que mienta a una fe religiosa: si creo en Dios y en la Providencia, entonces tengo la seguridad de que todo mi esfuerzo está siendo considerado por Él, aunque no tenga frutos visibles para mí. Es una idea consoladora y esperanzadora, pero no es el único modo de fe que sostiene empresas como las que he tomado. La fe en las personas, en mis amigos, en mi propia determinación... todo eso cuenta, todo eso es indispensable para seguir adelante.

Sinceramente esta frase que cité es lo único que recuerdo del sermón de aquel día, pues significó tanto para mí que dejé de prestarle atención a lo demás. Al escucharla entendí que con fe se puede todo. Suena trillado y tal vez exagerado, pero no estoy hablando de una fe cualquiera, pues si pretendo que mi fe pueda con "todo", entonces tiene que ser una fe omniabarcante. No sólo tener fe en Dios, sino también en todo lo demás, especialmente en mí.

"Las ataduras están sólo en tu cabeza", me dije a mí misma mientras rezaba ese día. Nada me detiene, más que mis propios miedos, mi angustia, mi cobardía, mi comodidad. Nada me detiene más que yo, y la fe también cura eso.

Por un breve instante sentí que tenía el mundo de posibilidades infinitas a mis pies. Por un instante sentí la plena certeza de que puedo hacer cualquier cosa, por más imposible que parezca. Fue un momento de gracia que, desafortunadamente, no sigue tan presente ni con tanta intensidad en mí. Pero la idea sigue existiendo en mi mente y sé que es verdad, aunque aún sienta miedo.

Saturday, December 26, 2009

Signos visibles



Como bien saben los que me conocen, tengo problemas con el sacramento de la confesión. Creo en ella, la entiendo, me gusta la idea teórica... pero me cuesta un trabajo enorme confesarme en la práctica. No es que no quiera que un sacerdote escuche mis pecados; no es por vergüenza. Es, más bien, porque no siento que el sacerdote pueda dedicarme suficiente tiempo para profundizar en lo que quiero confesar. Juanjo dice que debo pensar que es Dios el que me está perdonando, no el ministro. Es Dios el que entiende la profundidad de mis acciones y el sacerdote no tiene que entenderlo a la perfección, pues él es tan sólo un instrumento.

Con esto en mente, decidí confesarme hoy. Previsoramente, me formé en la cola antes de que empezara la misa, para no perderme mucho. Sin embargo, las personas tardaban mucho en salir. Cuando llegó mi turno, entré y me hinqué en la celosía, pero el padre me dijo que tomara asiento en frente de él. Era un viejito que a penas y podía oír y que hablaba muy bajito. Me preguntó mis pecados, me escuchó atentamente y después comenzó a hablar. Me platicó anécdotas, me contó chistes que me hicieron reír, me preguntó un montón de cosas y me aconsejó otras tantas.

La misa transcurría afuera del confesionario, mientras que el simpático padre se tomaba todo el tiempo del mundo conmigo. Sin que yo lo notara, el hombre me dio toda una cátedra de teología. finalmente, me dio la absolución, me dio la mano y salí radiante y alegre directo a comulgar. El padre había dedicado toda la misa a mi confesión.

¿Nunca han sentido que Dios les manda un mensaje? Hoy me lo pareció a mí.

Tuesday, October 06, 2009

Confesión de libertad

Veis aquí mi corazón,
Yo le pongo en vuestra palma
Mi cuerpo, mi vida y alma,
Mis entrañas y afición;
Dulce Esposo y redención,
Pues por vuestra me ofrecí
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida:
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad,
Dadme guerra o paz cumplida,
Flaqueza o fuerza a mi vida,
Que a todo digo que sí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

(...) Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?

- Santa Teresa de Jesús


Me falta humildad, me falta fe. ¿Quién soy yo para sentirme importante, para pensar que mi dolor es especial y que me hace diferente? ¿Por qué creí tener la facultad para juzgarme, para ser tan dura conmigo misma, para pedirme perfección? ¿Cuándo me dejé morder por la serpiente y me permití ver a los demás con ojos críticos y sedientos de fría y cruel legalidad?

Tan sólo soy yo, con mi complejidad, llena de carencias y remiendos de virtudes. Soy tan pequeña, tan contingente... ¿cómo es que esperé tanto de un ser tan frágil?

Abandoné la gracia buscando ser modelo de santidad. Soberbia... maldito demonio que me sigue y que, a penas bajo la guardia, me carcome el alma.

He recibido una lección. He aprendido a abandonarme en los brazos de Dios. Yo no puedo sola, nadie puede. Duele reconocerlo, el orgullo quema, el demonio se retuerce... pero el espíritu descansa.

Dios no respondía ante mi desesperación, pero lo ha hecho ante mi fe, y se lo agradezco.




Monday, August 31, 2009

Debrayes matutinos

La filosofía me ha vuelto teóloga. La he estudiado con una curiosidad genuina en los problemas del mundo. Sin embargo, no me satisface. A ratos me cansa y hasta me aburre. Hay problemas que no me interesan mucho, y los que sí me interesan, no los puedo solucionar con la mera razón.

Para mí, la filosofía culmina con la teología. Cuando me di cuenta de que la fe supera los límites de la razón, pero sin prescindir de ella, me sentí liberada.

No espero que a los demás les pase igual que a mí. Me parece completamente legítimo apacionarse por la filosofía pura. Considero que también es válido encontrar una continuidad del intelecto en el estudio de Dios.

Antes no pensaba así. Desde chica (a los doce o trece años) me interesé por conocer a Dios. Estudié varias religiones y creencias. Hasta leí el Corán (claro, no le entendí nada), pero no lograba hacer la conciliación entre fe y razón. Para mí las creencias religiosas eran absolutamente irracionales. Buscaba a Dios todo el tiempo, pero no estaba dispuesta renunciar a mi inteligencia. Quería creer, pero mi racionalidad no me permitía profundizar en ninguna religión, o al menos eso pensaba. Siempre que buscaba, se me atravezaba la cochina fe en el camino.

Después de varios años en esta tensión, llegué a la conclusión de que toda creencia basada en la fe era igual a fanatismo. Desprecié a los creyentes por borregos o por hipócritas, pues nadie que realmente piense por sí mismo podía creer tanta irracionalidad.

Así pasa con la adolescencia: uno radicaliza todo y hace un montón de reduccionismos. Poco a poco fui creciendo y me di cuenta de que el mundo es mucho más complejo. Aprendí que no todo es negro o blanco, sino que hay una enorme gama de colores y tonalidades.

Ahora no me cuesta trabajo entender que no todo tiene que ser puramente racional. Los seres humanos no somos tan simples. No sólo somos inteligentes, también tenemos inquietudes espirituales, sentimientos y deseos de trascendencia. Y, curiosamente, todas estas facetas son compatibles.

Para ser teóloga no tengo que dejar de ser filósofa. Hablar de Dios no me hace menos racional, al contrario. Aceptarme en mi complejidad me libera, me hace sentir completa.

Thursday, July 23, 2009

Stand up for your love


"Hemos creído en el amor de Dios"
: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.

- Benedicto XVI

Yo siempre he dicho que la fe me entró por la razón. En parte es cierto, pues desde adolescente tuve una gran necesidad de entender la religión. Comencé a cuestionarme muchas cosas y me di cuenta de que no podía creer cuando algo me parecía ilógico. Fue con las clases de teología de la carrera y las largas pláticas con Zoon en el parque del kiosko de la UP, que por fin pude saciar esa cosquilla intelectual y pude convertirme al catolicismo.

De este modo, puedo decir que la fe me entró por la razón. Sin embargo, las palabras del Papa me hacen mucho sentido también. Yo no empecé a creer porque me convencí racionalmente de algo. Creo que en el fondo siempre tuve fe. Siempre creí que había algo más, algo grande y bueno. No sabía exáctamente a qué ponerle el apelativo de "Dios", pero tenía la seguridad de que existía. La experiencia personal la tenía; me faltaba poder ponerle palabras.

En el momento en el que reconcilié la experiencia con la doctrina, pude abrirme. Fue entonces cuando tuve ese encuentro con Dios del que habla Benedicto. No sólo lo entendí, no sólo era lógico, sino que también hacía sentido vivencialmente. Me volví católica porque encontré una fe que satisfizo mis deseos internos y mi necesidad de entender la religión con la razón. Ya no eran dos cosas opuestas, sino que hacían sentido juntas.

Ser católico no es una decisión ética. Tampoco es una ideología. No es algo que se defiende como una causa social o política, aunque éstas deriven de la creencia. Es algo que se vive porque llena, porque nos hace sentir completos y felices. Es algo que se experimenta en todos sentidos. Por eso ya no importa que un misterio sea respondido con la frase: "es cuestión de fe." ¡Cómo me chocaba esa frase en la secundaria! Ahora la entiendo; ahora la vivo.

Este fragmeno de Benedicto me hizo recordar la canción de "Stand up comedy" de U2: stop helping God across like a little old lady. Dios no es un partido ni ideología, la caridad no es proselitismo y el bien no es activismo.

Como alguna vez me dijo el Padre Coronel, mi profesor de teología, "ser católico es ser testigo de la vida de Cristo." No hace falta llevar estandartes, hacer grandes marchas o crear asociaciones regidas por numerosos principios. Ser católico consiste en vivir como Cristo. La caridad cristiana nace del amor y de la necesidad de actuar consecuentemente.

C' mon on ye people, stad up for your love.