Soy una de esas personas privilegiadas que "lo tienen todo". Nunca he pasado hambre, jamás se me ha negado nada y disfruto de una vida relativamente tranquila y sana. Sin embargo, independientemente de la esfera de bienestar que me rodea, la vida sigue siendo dura. Me cuesta trabajo, al igual que a todos, levantarme temprano todas las mañanas, hacer lo que tengo que hacer aunque esté cansada, aunque duela o moleste. Me cuesta encontrar el sentido de mi vida al día a día. Hay momentos en los que es más sencillo y puedo verlo todo con claridad. Pero hay semanas, como ésta, en la que la vida me pesa terriblemente.
Sé quién soy, sé qué quiero y qué me mueve. Pero también soy ser humano y tengo mis límites, tanto físicos, como mentales.
Hoy, viernes por la noche, es el único día en el que he podido sentarme tranquilamente a escribir un poco en mis blogs. Toda la semana la he pasado trabajando hasta tarde. Ni siquiera he tenido tiempo para estudiar, ya no digamos para tener vida social o momentos de ocio. El único día que salí fue ayer a la reunión de una prima por su cumpleaños y lo hice más por ella que por mí. Me la pasé bien, no lo niego, pero llevaba tantos días de desvelo y estrés que terminé a las doce de la noche en mi cama con una migraña insoportable. Ni siquiera pude estudiar para mi examen de historia.
Por favor, no me malinterpreten. Me gusta mi carrera, me fascina dar clases, me encanta compartir con otras personas, pensar, discutir y trabajar mi mente. Sé que esta semana me he enriquecido mucho, he conocido personas nuevas y aprendido muchas cosas. Sin embargo, me gustaría no sentirme tan cansada. Me gustaría poder llegar al viernes con energía para salir al cine con esa amiga que no veo hace mucho y con la cual he intentado hacer planes desde hace más de un mes. Me gustaría no sentir que me pesa el cuerpo como un pedazo de plomo y que mi alma a penas puede sostenerse más. Me gustaría que fueran más considerados en mi universidad y no se les hubiera ocurrido la brillante idea de obligarnos a trabajar a los becados. Me gustaría que no hubiera tanto tráfico, tanta contaminación y tanto ruido. Me gustaría poder dormir doce horas seguidas y despertarme fresca y tranquila.
Creo que tengo el malestar del citadino defeño, y eso es algo que desgraciadamente no se cura con puro tri-en-en.
Sé que todos nosotros lo tenemos y sé que eventualmente saldremos de este lugar con la esperanza de tener una mejor calidad de vida. Lo único que me entristece es saber que voy a extrañar a muchas personas, a mi familia, a mis amigos, las martineadas, los cafés, la vida que conozco, a ustedes... pero no debo permitir que nada de esto me detenga para seguir adelante, crecer y buscar lo mejor en la medida de mis posibilidades. Luis ya se nos fue, seguimos nosotros.
Salgamos adelante, todos. Tal vez, en unos cuantos años, podamos reunirnos a contarnos nuestras aventuras. Tal vez de verdad exista una vida en la que no me sienta tan cansada.